domingo, 11 de agosto de 2019

Retrato Psicológico (8)


Contuve un exabrupto, carraspee, me di cuenta al agacharme a buscar la cámara que me miraba, aun con un tono de lastima, que me exasperaba, seguía penando en esa canción, en la capacidad que tenía para hacerme navegar por mis sentimiento, de llevarme desde el más terrible dolor a un lugar agradable y cuando pensaba que me sentía cómoda, hacer enojar de una manera cruel, como si disfrutara jugando una broma pesada. Seguía sin poder mirarlo, acomode la luz nuevamente de espaldas a él, dije un par de palabras a las que respondió con un sonido de asentimiento, la músicas seguía sonando las notas de piano me repusieron por un segundo, me llevaron a un claro de luna conocido, donde sentí la florescencia del amor pueril de otros tiempos. Cuando me acomode en mi lugar y puse el temporizador después de decir >Empezamos< mire a través de la lente como tratando de esconderme de sus poderes sobre mí, y lo encontré con ambas huesudas, largas y texturadas manos en la cara, tapándosela, solo se veía parte del labio, hice un par de fotos hasta que me di cuenta que me había perdido de nuevo tras una ideas en las líneas curvas del arco de cupido, fantaseando con la pálida candidez de sus labios. Sentí como si me tomara fuertemente de  la muñeca, y me estirara dentro de una oscura habitación, cuando por fin me miro; el hedor, era ácido, la oscuridad, la suciedad, la desazón, el encierro la claustrofobia, me achicaban, me hacían sentir insignificante, escuchaba su voz narrar algo que no podía entender, pero lo estaba viendo pasar frente a mis ojos como una película, una luz de un foco de luz incandescente, oscilaba desde el techo, pendulaba y  a su paso me dejaba ver solo algo de la escena,  cuando mis ojos se acostumbraron lo reconocí, con la cabeza gacha, atado con las manos en su espalda a una silla, podía ver como goteaba sangre en el piso, supuse que era de su cara; respiraba agitado, sin levantar la cabeza, como si tratara de guardar la poca energía que le faltaba para cuando fuera necesario, presentí que era de los que luchaba no de lo que huía, de repente un estallido que vino de algún lugar externo me sobresalto y mire e su dirección, un calor infernal , enrojeció mi rostro y las llamas se hicieron presentes, sentí como el humo entraba en mis pulmones, tocia,  mire hacia donde él estaba, quería ir a des atarlo para salir de aquel sitio que estaba envuelto en llamas; cuando mire asía él estaba tumbado en el suelo había roto de alguna forma la silla, y se revolcaba tratando de desatar los nudo. Supongo que grite, por que deje de oír su relato y sentí de nuevo la firmeza de sus manos sosteniendo mi muñeca en el pinto anterior a hacerme daño, solo veía llamas, una patada, una puerta que se abría, y aire puro, sentirme arrastrada mientras corría y un cuerpo envolviéndome antes que todo estallara a unos metros nuestros. Cuando sonó el temporizador del teléfono, paro su voz, entendí que hacia un par de minutos yo estaba en el suelo del estudio hecha un ovillo sosteniendo fuertemente la cámara protegiéndola con mi cuerpo; no niego la vergüenza se hizo más evidente, cuando al abrir los ojos, vi sus tenis converses y una mano extendida que se ofrecía ayudarme a levantar.
No pude mirarlo, la vergüenza excedía cualquiera que hubiera asentido antes en mi vida, no quise ser grosera y no aceptar su ayuda, aunque adentro mío pensaba, todo es su culpa, la tome y la sensación fue inexplicable, como si los un poco más de 30 minutos que habíamos estado juntos se me pasaran enfrente en retrospectiva, muy rápido y la última imagen que quera en mi cabeza fuera la pálida línea curva del arco de cupido y una electricidad recorriera todo mi cuerpo terminado por convertirse en chispa entre nuestras manos.

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