lunes, 12 de agosto de 2019

Retrato Psicológico (10)


El temporizador sonó y fue la primera vez en un poco más de media hora que no esperaba que lo hiciera, vi que hizo crujir su cuello y dejo la cabeza ladea felinamente, estaba estudiando cual sería mi próximo movimiento, yo había clavado lo ojos en alguna parte de la pared del fondo, y era como si el despertador hubiese sonado por error un domingo de mañana, y quisiera seguir remoloneando en la cama, había sido una verdadera sorpresa recuperar tan vívidamente tan preciado recuerdo, pero aun fue mar sorprendente lo que siguió >Mmmm, eso me dio hambre< dijo con voz algo más animada que la monótona que había usado desde el saludo y una sonrisa impropiamente infantil se dibujó en su cara, creo que se contuvo una carcajada cuando vio mi gesticulación de incredulidad hacia lo que estaba diciendo.
>Te parece si seguimos< me dijo con una mirada que no había visto antes de su parte, casi como si fuera otra la persona que tenía enfrente, cándido y algo juguetón , centelleaba en sus ojos marrones una luz que no había visto hasta ese momento. Hasta ahora siento al recordarlo mis mejillas rubicundas, y su mirada baja escondiéndose tras su flequillo un tanto cohibido cuando se dio cuenta. >Si < >genial< dije tratando de cambiar, volví a arreglar la luz, aunque no hacía falta, camine devuelta a mi lugar, tome la cámara de donde la había dejado, le mostré el teléfono y dije >Empezamos< ; lo vi ya detrás de la lente asentir casi como un niño, mientras empezaba a contarme con ese monótono tono al que ya me había acostumbrado , y una sonrisa boba se apodero de mí.
Por un par de minutos volvió a taparse el rostro con las manos, esas manos que había admirado desde el momento que las vi salir de sus bolsillos; cuando las saco de su rostro empezó a mover los dedos en el aire como si tocara el piano; pensé que escuchaba las digitaciones básicas de cuando uno empieza a aprender a tocarlo, parpadee, cerré unos instantes los ojos, olía a primavera, se sentía una tenue brisa escabullirse, abrí mis ojos para ver donde estaba y la habitación era prístinamente blanca, era como un sueño, salido de algún video musical, los ventanales dejaban pasar los rayos del sol, todo era hermosamente blanco, pacifico, en medio de la habitación había un pequeño sentado frente a un hermoso piano de cola, practicaba, podía verse en su rostro la felicidad cuando sus dedos tocaban las notas perfectamente, aunque pequeños pude ver, como se esforzaba para tocarlos, la música fue cada vez mejor paso de simple a compleja en segundos, mientras el niño pasada a ser preadolescente, adolescente, adulto, pude notar como la luz del día pasaba por la ventana, seguido por la luz de la luna, pude escuchar la lluvia, el viento, las estaciones pasar, y el que fue niño y ahora era adulto seguía ahí, en una especia de trance, con una serenidad impasible, como si sus manos sobre las teclas del piano fueran mantras, y esa fuera su mejor meditación , pude sentir como los acordes lo envolvían como su espíritu brillaba y fluía con ellos, como  todo a su alrededor parecía simple, aunque sus manos se movieran con una complejidad envidiable; pase de reconocer alguna que otra pieza, a penar que jamás había escuchado otros, y entendí, que  ese era su recuerdo más feliz, un lugar donde se escondía, un piano en un lugar íntimo de su mente, donde se sentaba solo a tocar y componer; y no pude más que sentirme muy alagada por estar ahí parada como un voyerista observando la gloria de la creación, el intimo encuentro del músico y su instrumento; ese sitio aislado del mundo, de las preocupaciones, de la vida cotidiana, donde el artista es el mismo  y yo pude fotografiarlo.

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