El temporizador sonó y fue la primera vez en un poco más de
media hora que no esperaba que lo hiciera, vi que hizo crujir su cuello y dejo
la cabeza ladea felinamente, estaba estudiando cual sería mi próximo movimiento,
yo había clavado lo ojos en alguna parte de la pared del fondo, y era como si
el despertador hubiese sonado por error un domingo de mañana, y quisiera seguir
remoloneando en la cama, había sido una verdadera sorpresa recuperar tan vívidamente
tan preciado recuerdo, pero aun fue mar sorprendente lo que siguió >Mmmm,
eso me dio hambre< dijo con voz algo más animada que la monótona que había usado
desde el saludo y una sonrisa impropiamente infantil se dibujó en su cara, creo
que se contuvo una carcajada cuando vio mi gesticulación de incredulidad hacia
lo que estaba diciendo.
>Te parece si seguimos< me dijo con una mirada que no había
visto antes de su parte, casi como si fuera otra la persona que tenía enfrente,
cándido y algo juguetón , centelleaba en sus ojos marrones una luz que no había
visto hasta ese momento. Hasta ahora siento al recordarlo mis mejillas
rubicundas, y su mirada baja escondiéndose tras su flequillo un tanto cohibido
cuando se dio cuenta. >Si < >genial< dije tratando de cambiar, volví
a arreglar la luz, aunque no hacía falta, camine devuelta a mi lugar, tome la cámara
de donde la había dejado, le mostré el teléfono y dije >Empezamos< ; lo
vi ya detrás de la lente asentir casi como un niño, mientras empezaba a
contarme con ese monótono tono al que ya me había acostumbrado , y una sonrisa
boba se apodero de mí.
Por un par de minutos volvió a taparse el rostro con las
manos, esas manos que había admirado desde el momento que las vi salir de sus
bolsillos; cuando las saco de su rostro empezó a mover los dedos en el aire
como si tocara el piano; pensé que escuchaba las digitaciones básicas de cuando
uno empieza a aprender a tocarlo, parpadee, cerré unos instantes los ojos, olía
a primavera, se sentía una tenue brisa escabullirse, abrí mis ojos para ver
donde estaba y la habitación era prístinamente blanca, era como un sueño,
salido de algún video musical, los ventanales dejaban pasar los rayos del sol,
todo era hermosamente blanco, pacifico, en medio de la habitación había un
pequeño sentado frente a un hermoso piano de cola, practicaba, podía verse en
su rostro la felicidad cuando sus dedos tocaban las notas perfectamente, aunque
pequeños pude ver, como se esforzaba para tocarlos, la música fue cada vez
mejor paso de simple a compleja en segundos, mientras el niño pasada a ser
preadolescente, adolescente, adulto, pude notar como la luz del día pasaba por
la ventana, seguido por la luz de la luna, pude escuchar la lluvia, el viento,
las estaciones pasar, y el que fue niño y ahora era adulto seguía ahí, en una
especia de trance, con una serenidad impasible, como si sus manos sobre las
teclas del piano fueran mantras, y esa fuera su mejor meditación , pude sentir
como los acordes lo envolvían como su espíritu brillaba y fluía con ellos,
como todo a su alrededor parecía simple,
aunque sus manos se movieran con una complejidad envidiable; pase de reconocer
alguna que otra pieza, a penar que jamás había escuchado otros, y entendí, que ese era su recuerdo más feliz, un lugar donde
se escondía, un piano en un lugar íntimo de su mente, donde se sentaba solo a
tocar y componer; y no pude más que sentirme muy alagada por estar ahí parada
como un voyerista observando la gloria de la creación, el intimo encuentro del músico
y su instrumento; ese sitio aislado del mundo, de las preocupaciones, de la
vida cotidiana, donde el artista es el mismo y yo pude fotografiarlo.
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