domingo, 11 de agosto de 2019

Retrato Psicológico (7)


Parpadeo un par de veces, y siento como mis ojos se van llenando de lágrimas, lo aros concéntricos de su mirada ámbar, me conducen donde había temido, pero ya estamos  aquí, me pregunto antes de abrir la puerta que tengo frente a mi (la conozco, sé muy bien donde lleva) si era esto lo que quería cuando empecé con esta serie de retratos; tal vez no esperaba que llegaran tan rápido el momento de enfrentarme con ese recuerdo, lo había encerrado detrás de miles de puertas, de  una fortaleza amurallada; pero él había logrado lo que el terapeuta en 4 años no había podido; y estaba ahí con la mano en el pomo de la puerta a punto de darle vuelta;  cuando  sentí que se detuvo, ladeo la cabeza, hice lo mismo, la volvió para el otro lado, como si se tomara su tiempo para pensar sin íbamos a entrar en esa zona, respire profundo, parpadee, cayeron más lágrimas, y pensé; para esto estamos aquí, hagámoslo de una vez; pareció entenderlo; le mostré el teléfono y puse el temporizador; volví a mirarlo profundamente y ya estaba ahí frente a esa puerta, podía escuchar el sonido de la respiración que se dificultaba, podía escuchar los murmullos, podía sentir la densidad del ambiente, oía el cadencioso ritmo de una oración; pero la puerta no se abría, estaba impacientándome, empecé a estirar y empujar y cuando cedió caí de bruces al suelo; la habitación parecía mil veces más amplia de lo que la recordaba, a lo lejos, se veía una cama, corrí con desesperación como para llegar a ella, un rayo de luz entraba por una ventana y solo iluminaba la cama, sentía una especie de culpa, por no poder llegar, me oprimía el pecho la desesperación, la sensación de que estaba a punto de perder algo, y cuando al fin llegue cerca de la cama, una mano callo de entre las sabanas, era pálida, podía verse el camino trazado por las venas superficiales, las múltiples manchas violáceas, el rosario sostenido como una pulsera; y una voz conocida sollozando; era mi madre; la oí de nuevo decirme >Se ha ido< , y el alivio momentáneo se volvió culpa, las lágrimas se hicieron sollozo, parpadee y la escena había cambiado la habitación era oscura, se olía humedad, aroma a medicamentos, a naftalina, y la luz tenue de un velador dibujaba el contorno de dos figuras sentadas una a lado de otra en el borde de una cama tomas de las manos, apoyados cien con cien, una de ellas levanto la mirada y me vio, el llanto se volvió incontrolable, corrí y me arrodille frente a ellos, apoye mi cabeza en su regazo escondiéndome para llorar, y ambos acariciaron mi cabello, sus manos denotaban el paso del tiempo, volví a revivirlo, la voz era como fue la primera vez mi abuela diciendo >Se ha ido< con la voz entre cortada y sosteniendo un sollozo; seguía llorando arrodillada frente a ellos con mi cabeza en su regazo, y el dolor se hizo presente, cuando la voz que siempre había sido fuerte , ecuánime, sabia de mi abuelo, se rompía y casi irreconocible me repetía, lo que en pasado me había dicho >Aun así, la gente sigue creyendo en Dios; si existe, es un Dios muy cruel, un padre no tendría que ver morir a sus hijos< aun ahora no sé cómo se responde a eso, volví a llorar mientras la mano de mi abuela acariciaba mi cabello, me faltaba el aire; sonó el temporizador, no sabía si era entonces o ahora; las lágrimas me hacían ver todo borroso, después de parpadear un par de veces pude volver a enfocar y vi casi un aire de lastima en su mirada, una lagrima se retenía en su lagrimal, esnife un par de veces los mocos que se me caía  por la nariz, trate de secarme las lágrimas con la manga de mi remera; volví a dar largas bocanadas de aire, mientras él seguía inmóvil en su lugar, por una fracción de segundo no quise volver a verlo, me daba vergüenza, haber dejado que saliera de esa forma tan visceral todo el dolor de dentro, pero un sonido sordo que no sabía de donde venía, me dijo que levantara la cabeza y lo mirara; volvimos a cruzar miradas, y sentí el abrazo que había necesitado en aquel momento, cálido, acogedor, un lugar amigable, conocido, con reminiscencias de infancia y certitud de sinceridad, poco a poco el ritmo de mi corazón y mi respiración se enlentecieron y cuando casi creía estar resuelta para levantar la cámara y seguir con aquello, su voz sonó inexpresiva y monótona, como antes diciendo >Yo también me suelo preguntar lo  mismo< y mi estupor dibujo , esta vez claramente una media sonrisa sarcástica en su cara.

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