Sigo perdiendo el control
de mi cuerpo, y mis deseos, cuando en la penumbra recostada a tu lado, me pierdo en
la obscuramente hermosa profundidad de tus ojos
de gato; en el apacible descanso al que invita tu estampa, el silencio que me
recuerda el poema número 15 de Neruda; el cual no quiero romper, por miedo a despertar
de este sueño; la hermosa verdad de verte tan de cerca, de sentir la serenidad de tu respiración enlenteciendo el tiempo,
reteniendo el ínstate compartido, la cercanía , esta inusual intimidad.
El gato impone su presencia, aumentado esta brecha,
entre tú y yo, este abismo hecho de horas, de años, de palabras que no
compartimos y heridas del pasado, recordándonos la infinidad de "peros" que se
interponen, y lo simple de una ilusión que no quiere perder su fuerza; su
cola me acaricia la mano, buscado mi tacto encontrando la caricia que pretendía, saciando
ya su escueta necesidad de afecto, nos devuelve el puente infinito, que
entre letras y música creamos hace un tiempo.
Tu sonrisa ilumina el universo, la suave curvatura de tu
labio robando suspiros de mis anhelos, la respiración sostenida, el corazón galopante, tu inocencia de niño que
me escondes y se transluce sin querer al mirarme, el abrazo sin tacto, la
calidez de un recuerdo, la poesía que me precede, la música que sin necesidad
de esfuerzo fluye de tus manos, un instante inmortalizado en una imagen que me
alegra la jornada y entibia el invierno; ambos muy cerca y a la vez tan lejos,
las ganas de seguir así tendidos , inmóviles y en silencio, sabiéndonos, teniéndonos,
amando la respiración sutil de un descanso merecido, nuestro encuentro diluido
en un sueño y la razón convirtiéndonos en musa.
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