“esta es mi primera historia larga en mucho tiempo, pero cuando la musa aparece hay que subirse al tren a ver donde nos lleva, por más inesperada que esta fuera, por mas fuera de nuestra zona de confort la misma nos haga sentir, no podemos negarle a la musa, cual quiera esta fuera, el acto de amor mas prodigioso, la creación donde el autor conjuga la inspiración que recibe de ella y su vida para crear eternidad”
Nota del Autor: La música es uno de los tres pilares que mueven mi proceso creativo, suelo decir que es el alma de mis personajes este en particular suena mas que otras historias, tendra que ver con la musa? no lo se pero de todos modos he creado un playlist para que lo escuchen mientras leen
Retrato Psicológico
Este proyecto comenzó, un
una idea muy egoísta, de tratar de curar mis heridas ayudando a curar las de
otros; no estaba muy segura de porque en ese momento era lo que necesitaba,
pero de lo que si hasta hoy estoy consciente, es que lo hice con el solo
objetivo de tratar de encontrar una solución al hastió que sentía. Anteriormente lo había
intentado usando otros métodos menos creativos y más farmacológicos, algunas
veces legales otras no; pero nunca había llegado a este estado de sublimación
absoluta que es ver después de un par de meses tu creación plasmada , el dolor convertido
en talismán y las mariposas revoloteando en tecnicolor. La premisa era simple,
y aunque lo había intentado con gente cercana, o conocidos, no
había logrado el resultado que esperaba, que es lo que iré comentándoles al
transcurrir este relato.
Esas tarde de domingo
reuní el poco valor que me quedaba y escribí el siguiente posteo, que después
reproduje en mis redes sociales y se expandió gracias a mis amigos “busco
personas mayores de edad que aparte del castellano o el inglés hablen
fluidamente otro idioma, para sesión de retratos psicológicos. Comunicarse al
inbox” después de leerlo y releerlo, lo postee, arrobe a mis amigos para que me
ayudaran a difundirlo y me senté a esperas. Supongo viéndolo a lo lejos que fue
la copa de vino, más bien la botella que me había tomado mientras esperaba que
alguien me respondiera y me peleaba con mi frustración creciente por no dejar
todo y mandarlo a la mierda; que cuando llego el primer mensaje corrí a la
cocina a traer otra botella y mientras la descorchaba fui respondiendo las
preguntas y escribiendo en mi blog de notas ítems que creería me servirían.
Me rió al pensar lo
desvergonzada y caradura que fui, al hablar con esas primeras personas, como si
ya tuviera todo resuelto, como si yo supiera exactamente por dónde irían las
sesiones y que impacto tendrían en ellas , pero el alcohol logra en mi cosas que nadie más puede; anote los
números de 3 personas esa noche antes de ir a dormir, creo haber hurgado en sus
redes sociales para ver que me decían de ellos, quede en que en la semana nos
hablaríamos para quedar de acuerdo con la hora y el lugar donde las haríamos,
extrañamente todos me preguntaron si el desnudo era una condición, y de verdad
no lo tenía en cuenta , así que mi respuesta fue amplia y ambiguo como suelen
ser mis respuestas cuando quiero parecer más inteligente de lo que soy.
En aquel momento no pensé
que estaría en el lugar que hoy me encuentro, en ese momento, no pensé que
conocería tal grupo heterogéneo de personas, en ese momento no creí que las
cosas se movería de tal modo, que nada de lo que yo esperaba en un comienzo se
concretaría pero aun así tengo tanto que contar que nada les parecerá un
desperdicio.
La pregunta que más tuve
que responder durante esas semana fue, el porqué de un idioma que no fuera el
español y el inglés, y esa la tenía fácil , lo había intentado con personas
afines, conocidos, y cuando las preguntas se ponían intimas ,, el lenguaje los
llevaba a mentirme, a maquillar las verdades, a tratar de que lo que tenían que
decir no fuera realmente lo que era sino aquello que se esperaba, aquello que
era socialmente aceptado; así que necesitaba, que las personas hablaran otro
idioma que yo no entendiera, para que así, me contaran sus verdades de verdad
con sus palabras sabiendo que yo no las entendería, así podría tener la imagen
que necesitaba encontrar, el verdadero ser de esas personas.
Y si el ser es de las
preguntas más rebuscadas de la filosofía y de mi cabeza, de mis dolores, de mis
heridas, y es ahí donde quería llegar al verdadero ser, al que no se esconde y
solo nos deja verlo de vez en cuando y por fracciones de segundos, yo necesitaba esa imagen, pensaba que si lo lograba, lograría encontrar las respuestas que
no me dejaban dormir por las noches
Durante la primer semana,
mientras seguía recibiendo mensajes de la gente y acomodando horarios para
poder coordinar con ellas, me seguía preguntando, si estaba bien lo que estaba
haciendo, si realmente podría conseguir algún tipo de resultado, mis
inseguridades se apoderaban de mí, había hecho fotos muchas veces pero la idea
de poner esto en marcha, reforzaba, “el no eres capaz” que mi educación había
logrado imponer; pero esa noche de miércoles todo cambio, nada volvió a ser
como antes, nada volvió a tener el mismo valor, ni el mismo enfoque, no pensé
que se me iría de las manos; de ahora en adelante , lo llamare sujetó número 3,
y solo porque con él las cosas tomaron el camino que estas letras hoy les cuentan, dejo a los sujetos 1 y 2 para más adelante, si es que creo necesario contarle sobre ellos.
Eran cerca de las 21
horas, mi amiga me había prestado su estudio para hacer las fotos, estaba
agotada, había hecho dos sesiones antes a esa, y lo único que sabía de esta
persona era su nombre, un amigo lo enviaba, me dijo “ya lo sabrás cuando lo
veas”, haciéndose del enigmático, me ponía muy nerviosa ese tipo
de frases, pero como sabía que yo solía hacer lo mismo con el cuándo necesitaba
respuestas más concretas y yo adornaba mi gramática con miles de sustantivos y
adjetivos sin decir mucho, contuve mi mal carácter.
Fui al baño me lave la
cara, pase por la cocine y volvía a llenar el termo con agua caliente, más té,
era todo lo que quería; acomode de nuevo la silla del estudio, silencie la
música y deje el Spotify abierto en mi cuenta para que al llegar pudiera poner
la música que le gustara; el cansancio me estaba impacientando, porque habían
pasado casi 10 minutos de la hora, y mis TOC se apoderaban de mí;
compulsivamente empecé a arreglarme el cabello, pasándome una y otra vez las
manos por la cabeza, no entendía el
porqué de esa sensación, ya era la tercera persona a la que fotografiaría, ya
tenía mi discurso casi pulido , ya pensaba saber cómo reaccionarían, todavía no
me gustaban los retratos que tenía, pero sabía que eso se iba a dar con el
tiempo.
Sonó el timbre, y me
sorprendió de modo, que el grito que salió de mis labios era impropio a mi
cotidiano comportamiento; creo que por eso me encontré corriendo hacia el
portero automático; escuche el nombre que tanto esperaba y le abrí la puerta
del edificio desde el departamento; camine tratando de tranquilizar mi corazón
que estaba muy acelerado, pensando en mis 10 canciones favoritas de los Beatles,
respire tres veces profundamente emulando las respiraciones que la clase de
yoga había intentado enseñarme, alise mi ropa con las manos frente a la puerta
del estudio, volví a respirar, sabía que el ascensor era lento.
Mi cabeza empezó de
repente a agrupar las preguntas que ya había formulado en las sesiones
anteriores. Y me encontré repitiendo en silencio; hola soy fulana de tal, estas
fotos son para un proyecto personal, este es el contrato para la utilización de
las imágenes si así las necesitara, tanto en una muestra como en un libro, la
misma estipulan que tu identidad, o lo que pueda decirse en esta sesión es
absolutamente confidencial. Ok vamos a empezar de esta forma, voy a explicarte
cómo vamos a trabajar, primero quiero que elijas un playlist que sea de tu
agrado, y pongas música, probablemente, baje el volumen hasta que sea solo un
susurro, voy a ir haciéndote una serie de preguntas, y antes de responderlas
vas a mirarme directamente a los ojos y a pensar dentro tuyo la respuesta más
sincera, la que no se te hubiera ocurrido decirle ni al cura si crees en Dios,
ni al psicoanalista ….. Antes de seguir con el ordenamiento compulsivo de mis
ideas, sonó el timbre y el mundo se detuvo por primera vez esa noche cuando al girar el picaporte y abrir la puerta,
el gélido tedio entro atrás de él en la habitación.
La temperatura bajó un
par de grados, por alguna extraña razón; el sujeto número 3 llevaba un buzo con
capucha; miraba sus pies al caminar; media unos cuantos centímetros más que yo;
era alto delgado; saludo con un monosílabo; mientras cerraba la puerta, pude
sentirlo casi en la nuca respirando como un “dementor” , y mis miedos me
recorrieron la piel, poniéndome los pelos de punta; sostuve un suspiro y di
vuelta sobre mis pies; con una sonrisa absolutamente falsa y social en la cara
y en ese instante, el suspiro que antes sostuve se atraganto en mí garganta;
trague saliva; mientras el sacaba las manos de los bolsillo, sus dedos era
largos y finos, podía sentir sin tocar cada vena, cada tendón, cada cicatriz,
sus luces y sombras; en cámara lenta las
llevó hacia la capucha; aún tenía la cabeza gacha, se la sacó y arreglo su
lacio y castaño cabello; levanto la
cabeza con los ojos casi cerrados, el
flequillo tenía el largo justo antes de ser molesto; su piel era blanca;
extremadamente blanca; al abrir sus ojos y por un instante cruzarse con los míos; que atónitos buscaban la forma de
parecer profesional; creí notar un leve tono de rubor en sus mejillas; que
pareció disiparse al desviarme la mirada; soy el sujeto número 3 (la verdad es
que me dijo su nombre, pero sigamos manteniéndolo en secreto) me dijo,
acompañado de una leve inclinación de cabeza; lo que me dio a entender que mi
gesto de pasarle la mano, y más aún el de saludarlo con dos besos en la mejilla
estaban desde ya descartados; me repuse, regañándome mentalmente, es "un
sujeto", hice lo mismo diciendo mi nombre, le mostré la notebook y le pregunté si quería poner
música, ladeo la cabeza como si no me entendiera, hice un gesto con las dos
manos hacia el Spotify abierto, y dio unos pasos hacia mí; me aparte casi con
miedo tratando que no se note; >lo que yo quiera? <; Pregunto bajito,
disfónico, carrasposo casi gutural con escepticismo; respondí un corto
>si<, mientras colocaba la luz y la butaca en su lugar; la música de un
piano con reminiscencias comenzó a sonar; no quise parecer inculta y
menos entrometida preguntando que era; así que le mostré donde sentarse y
empecé la explicación que antes había planeado en mi cabeza.
>Quiere que te
mire?< volvió a hacer ese gesto que no llegaba a ser mueca cuando ladeo la cabeza; asentí; estaba sentada en mi
banco a unos tres metros y solo podía
pensar que aun así podría escuchar mi corazón acelerado; cuando me detuve y
fije los ojos en los suyos, dijo
>así esta bien?< Y por unos 3 o 4 segundos que parecieron eternos no le
pude responder; no pude articular palabra; solo podía ver; colores; marrón,
café, chocolate, madera, barro, azúcar morena,
ese era el color que buscaba para describirlo; carraspeo para que le
respondiera; sonreí espásticamente y reafirme con la cabeza ganando tiempo para
que me saliera >si, perfecto, empezamos<
Esperaba no tambalearme
en el banco, tiendo a ser muy torpe, y la vergüenza frente a él me bloquearía ,
apoye mi cámara en el suelo alado de mi
pie derecho, tome el teléfono apoyado sobre mis converse a un lado de la
cámara, busque la sincronización que ya tenía armada para las sesiones, era la
tercera; lo mire de reojo, su palidez resplandecía , sus ojos rasgados
miraban al piso, creo que a mis medias,
me había puesto las peores ese día, tenía unos hoyos, instintivamente arrugue
los dedos para esconderlos, e intuí un esposo de irónica sonrisa en su cara;
note sin ver como cambiaba el peso de un hombro al otro, como si buscara estar
cómodo; volví a repetir, como si eso me diera coraje y un aire de
profesionalismo > es sencillo, como
te lo había explicado por mensaje de texto, voy a hacerte tres preguntas la
primera va a ser quien eres y vamos a mirarnos sin hacer las fotos por 2
minutos ininterrumpido sin desviarnos la mirada, en ese tiempo no voy a hacer
fotos, quiero que vayas pensado en tu cabeza como te presentarías sinceramente,
sin ni un prejuicio, como si pudieras salir sin temor al que dirán o a ser
juzgado, sin que existieran las normas de la sociedad; cuando suene la alarma
voy a volver tomar mi cámara y por 10 minutos voy a hacerte fotos, y vas a ir
repitiendo en cualquier idioma que yo no entienda lo que antes pensaste, sin
miedos a que alguien lo escuche porque, esto no se va a grabar, y yo no
entiendo nada de coreano, luego cuando vuelva a sonar …., antes que termine,
susurro >lo entendí la primera vez, no tienes que repetirlo<, la
habitación volvió a bajar unos grados la temperatura , respondí >ok<
tratando de no arquear mis cejas, con una de mis consabidas gesticulaciones. Me
acomode le di play al temporizador y
pude ver entre las pestañas cuando me ponía recta lentamente, para iniciar;
como sus ojos marrones, ya estaban clavados en el lugar que había calculado
estarían los míos y de repente .............................................
el tiempo y espacio
desapareció, como si nada tuviera
materialidad, como si estuviéramos en otra dimensión, como si fuéramos
moléculas y pudiéramos sentir cada una de ellas, éramos el universo y la unidad
al unísono; podía ver como sus ojos se iban vidriando, como una sutil lamina
esmeril nublara su vista; parpadeo una o dos veces; sin hacer un solo gesto, su
cuerpo estaba inmóvil, solamente sus
ojos, parecían estar más húmedos, y empecé a sentir como si todo a mi alrededor
fuera vacío; las lágrimas empezaron a
caer por mis mejillas, y los aros con céntricos opalinos, amargos como caramelo
y azúcar quemada, de sus ojos, me fueron llevando por un camino de desazón y
hastió, como si la depresión que las pastillas habían acallado, volviera
a apoderarse de mí ; me pareció verme en el fondo de la copa de vino; en la
profundidad agobiante que me reflejaba, convertirse de redentora en
castigo, como si él estuviera leyendo
más dentro mío, que yo dentro de él, como si sus miedos, y los míos en algún
lugar convergieran, como si el conociera lo que albergaba el diagnostico que
callaba; era como si la desazón, la desesperanza y la tremenda necesidad de
silenciar todas las voces, la tremenda necesidad de estar solos, y aun así saber que nunca lo estabas, nos uniera. Me vi
en un lugar conocido, frente a un abismo, mirando para abajo, escuchado la
pregunta que yo misma me hice muchas veces, que habrá después? Terminará esto
alguna vez? Las cosas serán más ligeras? Seremos libres alguna vez?. La
respiración empezó a molestarme, pude escuchar la pregunta no dicha, entre el
todo y la nada, será la nada mejor?; sentí vagamente como ladeaba la cabeza y
yo copiaba el movimiento, pero seguía atrapada en el laberinto, con la
respiración del Minotauro pisándome los talones, en una opresiva obscuridad,
con un dejo de luz, de luna que guiaba mis pasos, y cuando pensé que no
soportaría un segundo más; sentí como si me tomara la mano, vi una chispa resplandeciente
centellear en sus ojos, sentí calor, sentí alivio, esperanza en el campo de
batalla, de repente todo aquello que antes reinaba, se convirtió en una idea en
una idea constante pero silente , sentí un abrazo fuerte, un dolor áspero en la garganta por gritar de furia; el precipicio estaba lejos, podía sentir el
orgullo de haberme alejado del abismo, del haber salido de las tinieblas de
haber enfrentado a la bestia. Sentí euforia, alegría, como cuando estas frente
a una imagen y alineas tu corazón tu mente y tu cámara con lo que ves; frente a
la magia de la creación; y tuve miedo, llegue a creer que lo había dejado
entrar, que él estaba navegando en mí, y cuando la desesperación intentaba reinar, porque me sentía invadida, sonó el
teléfono y pude respirar.
Me apresure a bajar la
mirada, pero algo me hizo detenerme en sus labios, cuando los humedecía,
estaban levemente cuarteados, tenían un tono pálidamente rosa; suspire y eso se
oyó más fuerte de lo que esperaba, la mueca de sonrisa irónica volvió a ser un
destello fugaz en su cara, la presentí mientras me agachaba a tomar mi cámara;
le di la espalda un segundo, y lo volví a sentir respirándome fríamente en la
nuca como si se alimentara de mis miedo; hice un gesto de tener frío, luego del
tremendo escalofrió que sentí, y desde los casi tres metros que no separabas
escuche , entre diente y monótono
>Tienes frio?<; mi respuesta se hizo esperar más de lo que yo
pretendía, primero gane tiempo con alguna especie de sonido de asentimiento,
luego ya más repuesta y dándome vuelta, clave la mirada en algún punto cerca de
su cien como para que pareciera que lo miraba para hablar , pero francamente
esquivando verlo a los ojos, aun guardaba la aprensión de los últimos dos
minutos anteriores, en que vi todos mis miedos presentarse frente a mí y
también vi mi redención.
>Te parece si
empezamos, voy a marcarte con la mano para donde mirar, no voy a interrumpirte,
puedes comenzar a contarme lo que quieras mientras no lo entienda…< Volvió a
interrumpirme >Ya lo explicaste… Empecemos< Estaba comenzando a
frustrarme, tantas interrupciones, sabía que todo mi discurso no era más que
palabras vagas usadas para poder concentrarme, pero él lograba hacerme enojar,
por un segundo una canción paso por mi cabeza “Sometimes I feel so sad-
Sometimes I feel so happy- But mostly you just make me mad”, era eso tenía una
capacidad de llevarme de paseo por mis emociones, y eso me enojaba, hacía que
perdiera el control tan necesario para mí. Me prepare levante la mano para
indicarle donde mirar y el empezó a hablar, y yo comencé a disparar, una a una
se sucedieron las fotos, como si la cadencia de su voz, las llevara como una
flautista encantado, para donde él quisiera, estaba absolutamente embelesada,
sus manos era cruelmente hermosas, tuve que contenerme para no fantasear con
que me tocaran, su piel de porcelana reflejaba, una fragilidad tangencialmente
opuesta a toda el aurea oscura que lo rodeaba, y si hay algo que puede llevarme
a perder la cabeza; es la ambigüedad. Los minutos seguían su curso, no les
puedo decir si eran lentos, rápidos, o simplemente habían detenido su devenir
habitual, pero yo seguía haciendo fotos, para poder respirar, de vez en cuando
miraba la última acomodaba la luz, lo guiaba solo con la mano, porque él seguía
con el mismo tono, en el mismo ritmo, inmutable, ecuánime contándome quien era.
Volvió a humedecerse los labios, y mi corazón pego un brinco, y empezó a
galopar tan pero tan rápido, había olvidado ese sentimiento, estaba tan pero
tan anestesiada, por el dolor, por el pasado, por las drogas, que había
olvidado esa sensación; creo que se me escapo un sonido gutural, porque un
silencio lo acompaño; empecé a creer que se divertía insanamente, irónico y
mordaz, en silencio, con ver como mi cuerpo, pero sobre todo mi mente
reaccionaba a todo él; y eso me enfurecía, seguía dando vueltas esas canción en
la cabeza “But mostly you just make me
mad”; perdón dije y me aclare la garganta; ladeo la cabeza gatunamente
estudiando mi absoluta falta de control ya para ese momento; volvió a ser fugaz
el esbozo de sonrisa en su cara, por primera vez la inflexión de su voz tenía
algo de tedio, de aburrimiento, como si el ya supiera el porqué de todo
aquello, como si nada fuera una novedad, como si me catalogara como un o una
más de tantos que ya había visto pasar por esa situación. Esa actitud me
enfurecía por dentro, quería gritarle, enojarme, azotarlo contra la pared, para
que mostrara más que una sola cadencia; no pude no gesticular y sostener mí más
falsa sonrisa en la cara, mientras terminaban los últimos minutos de esa parte
de la sesión.
Baje la cámara, le dije
>Descansa, puedes caminar un rato, sobre la mesa lateral hay agua, aquella
puerta de allí es el baño, voy un segundo a la habitación de alado a por otra tarjeta de memoria y
vuelvo<.
Seque mis manos por la
ropa, antes de cambiar la tarjeta de memoria, y dejar la que llene de sus
fotos para que se vayan descargando en
el ordenador. Estaba agotada mentalmente, no esperaba que los menos de 15 minutos
que llevamos haciendo estos fueran tan intensos, respire profundamente y
escuche desde la puerta una voz , me gire y lo
vi apoyado contra el marco con una pierna cruzada frente a la otra y los
brazos en los bolsillos, un tanto encorvado, escondiendo sus ojos debajo del
flequillo, como si entendiera el efecto que tienen en mí, dirigiendo su mirada a mis pies, y supongo
que a los agujeros de mis medias, tenía la cabeza ladeada, algo en él me
recordaba el huraño semblante de mi gato, volvió a sonar The Velvet Underground
en mi cabeza, casi que necesitaba escucharlo para que no siguiera girando el
disco en mi mente y me dejara acomodar las ideas; y entendí que era por lo de “mostly you just make me mad”(cada
vez que me sacaba de quicio, como si el musicalizador de mi cerebro lo hubiera
elegido de antemano, sonaba esa canción) ; su desafiante estampa imponiéndose
en mi espacio privado, era lo que me hacia volver a esa canción, y si, él me sacaba, como si supiera que hilos
invisibles estirar para que mi temperamento combustionara, sentía además que lo hacía a propósito, con todas
las ganas de jugarme una especie de broma, algo sádica por cierto que no todos
podrán entre, y al mismo tiempo me intrigaba, como si fuera el personaje
enigmático de una novela negra, al que desde el comienzo todos los indicios
apuntan, pero al final era el que
resolvía el enigma; no lograba entender como sentía que me conocía , que me
leía , que me entendía; y eso me hacía perder el control, y necesitar una copa
de Vino, mejor dicho la botella entera, es algo que me urgía >Seguimos<
dijo cuando estaba a punto de ir al baño a por el frasco de mis
tranquilizantes, ya los había dejado, pero esa falta de control está
tambaleando mi mundo; creo que lo intuyo > Se hace tarde< dijo como
sabiendo que de esa forma me olvidare de las pastilla, y la rabia por sentir
que me está apurando iba a dirigirse a él y
nos llevaría de nuevo al estudio > si< >ya voy< de una
extraña manera se giro en dirección al estudio, respire hice que mi cuello gruja, respire dos veces
más, y me encamine al estudio; lo encontre sentado en el banco, con una
actitud algo más petulante, casi arrogante , la palabra exacta era combativo;
eran los dos minutos en los que debíamos hacer silencio y pensar en el peor
momento de nuestras vidas, sentí que estaba por levantar un muro invisible
entre ambos, pero de todos modos me daba pánico, que mi cabeza lo deje entrar
como ya lo había hecho anteriormente, sabia, aun hoy lo sé, a qué le temia , a donde no quería llegar;
sabía cuál era la imagen que mi cabeza no quería recrear; es como si la
anticipación ya hubiera velado mis ojos, con una cortina de lágrimas, me senté
, seguía sonando la música de piano desde el reproductor, mi cámara volvió a
quedar en el suelo, mi teléfono en la
mano, respire profundamente , tres veces, ya no me daba vergüenza frente a él,
ya no quería parecer profesional, sabía dónde íbamos a entrar, el abismo
estaba frente a nosotros, me coloque mi
escafandra para poder zambullirme en ese amargo dulzor que habita en su mirada
y sabia que no iba a poder contener los sollozos los próximos dos minutos.
Parpadee un par de veces,
y sentí como mis ojos se iban llenando de lágrimas, lo aros concéntricos de su
mirada ámbar, me conducían donde había temido, pero ya estamos allí , me pregunte antes de abrir la puerta
que tenía frente a mi (la conocía, sabía muy bien donde llevaba) si era eso lo
que quería cuando empecé con esta serie de retratos; tal vez no esperaba que
llegara tan rápido el momento de enfrentarme con ese recuerdo, lo había encerrado
detrás de miles de puertas, de una
fortaleza amurallada; pero él había logrado lo que el terapeuta en 4 años no
había podido; y estaba ahí con la mano en el pomo de la puerta a punto de darle
vuelta; cuando sentí que se detuvo, ladeo la cabeza, hice lo
mismo, la volvió para el otro lado, como si se tomara su tiempo para
estudiarme, como si me pidiera permiso para entrar en esa zona, respire
profundo, parpadee, cayeron más lágrimas, y pensé; para esto estamos aquí,
hagámoslo de una vez; pareció entenderlo; le mostré el teléfono y puse el
temporizador; volví a mirarlo profundamente y ya estaba ahí frente a esa
puerta, podía escuchar el sonido de la respiración que se dificultaba, podía
escuchar los murmullos, podía sentir la densidad del ambiente, oía el
cadencioso ritmo de una oración; pero la puerta no se abría, estaba
impacientándome, empecé a estirar y empujar y cuando cedió caí de bruces al
suelo; la habitación parecía mil veces más amplia de lo que la recordaba, a lo
lejos, se veía una cama, corrí con desesperación como para llegar a ella, un
rayo de luz entraba por una ventana y solo iluminaba la cama, sentía una
especie de culpa, por no poder llegar, me oprimía el pecho la desesperación, la
sensación de que estaba a punto de perder algo, y cuando al fin llegue cerca de
la cama, una mano callo de entre las sabanas, era pálida, podía verse el camino
trazado por las venas superficiales, las múltiples manchas violáceas, el
rosario sostenido como una pulsera; y una voz conocida sollozando; era mi madre;
la oí de nuevo decirme >Se ha ido< , y el alivio momentáneo se volvió
culpa, las lágrimas se hicieron sollozo, parpadee y la escena había cambiado la
habitación era oscura, se olía humedad, aroma a medicamentos, a naftalina, y la
luz tenue de un velador dibujaba el contorno de dos figuras sentadas una a lado
de otra en el borde de una cama tomas de las manos, apoyados cien con cien, una
de ellas levanto la mirada y me vio, el llanto se volvió incontrolable, corrí y
me arrodille frente a ellos, apoye mi cabeza en su regazo escondiéndome para
llorar, y ambos acariciaron mi cabello, sus manos denotaban el paso del tiempo,
volví a revivirlo, la voz era como fue la primera vez mi abuela diciendo >Se
ha ido< con la voz entre cortada y sosteniendo un sollozo; seguía llorando
arrodillada frente a ellos con mi cabeza en su regazo, y el dolor se hizo
presente, cuando la voz que siempre había sido fuerte , ecuánime, sabia de mi
abuelo, se rompía y casi irreconocible me repetía, lo que en pasado me había
dicho >Aun así, la gente sigue creyendo en Dios; si existe, es un Dios muy
cruel, un padre no tendría que ver morir a sus hijos< aun ahora no sé cómo
se responde a eso, volví a llorar mientras la mano de mi abuela acariciaba mi
cabello, me faltaba el aire; sonó el temporizador, no sabía si era entonces o
ahora; las lágrimas me hacían ver todo borroso, después de parpadear un par de
veces pude volver a enfocar y vi casi un aire de lastima en su mirada, una
lagrima se retenía en su lagrimal, esnife un par de veces los mocos que se me
caía por la nariz, trate de secarme las
lágrimas con la manga de mi remera; volví a dar largas bocanadas de aire,
mientras él seguía inmóvil en su lugar, por una fracción de segundo no quise
volver a verlo, me daba vergüenza, haber dejado que saliera de esa forma tan
visceral todo el dolor de dentro, pero un sonido sordo que no sabía de donde
venía, me dijo que levantara la cabeza y lo mirara; volvimos a cruzar miradas,
y sentí el abrazo que había necesitado en aquel momento, cálido, acogedor, un
lugar amigable, conocido, con reminiscencias de infancia y certitud de
sinceridad, poco a poco el ritmo de mi corazón y mi respiración se
enlentecieron y cuando casi creía estar repuesta para levantar la cámara y
seguir con aquello, su voz sonó inexpresiva y monótona, como antes diciendo
>Yo también me suelo preguntar lo
mismo< y mi estupor dibujo , esta vez claramente una media sonrisa
sarcástica en su cara.
Contuve un exabrupto,
carraspee, me di cuenta al agacharme a buscar la cámara que me miraba, aun con
un tono de lastima, que me exasperaba, seguía penando en esa canción, en la
capacidad que tenía para hacerme navegar por mis sentimiento, de llevarme desde
el más terrible dolor a un lugar agradable y cuando pensaba que me sentía
cómoda, hacerme enojar de una manera cruel, como si disfrutara jugándome una
broma pesada. Seguía sin poder mirarlo, acomode la luz nuevamente de espaldas a
él, dije un par de palabras a las que respondió con un sonido de asentimiento,
la músicas seguía sonando las notas de piano me repusieron por un segundo, me
llevaron a un claro de luna conocido, donde sentí la florescencia del amor
pueril de otros tiempos. Cuando me acomode en mi lugar y puse el temporizador
después de decir >Empezamos< mire a través de la lente como tratando de
esconderme de sus poderes sobre mí, y lo encontré con ambas huesudas, largas y
texturadas manos en la cara, tapándosela, solo se veía parte del labio, hice un
par de fotos hasta que me di cuenta que me había perdido de nuevo tras una idea
en las líneas curvas del arco de Cupido, fantaseando con la pálida candidez de
sus labios. Sentí como si me tomara fuertemente de la muñeca, y me estirara dentro de una oscura
habitación, cuando por fin me miro; el hedor, era ácido, la oscuridad, la suciedad,
la desazón, el encierro la claustrofobia, me achicaban, me hacían sentir
insignificante, escuchaba su voz narrar algo que no podía entender, pero lo
estaba viendo pasar frente a mis ojos como una película, una luz de un foco de
luz incandescente, oscilaba desde el techo, pendulante a su paso me dejaba ver
solo algo de la escena, cuando mis ojos
se acostumbraron lo reconocí, con la cabeza gacha, atado con las manos en su
espalda a una silla, podía ver como goteaba sangre en el piso, supuse que era
de su cara; respiraba agitado, sin levantar la cabeza, como si tratara de
guardar la poca energía que le sobraba para cuando fuera necesario, presentí
que era contra lo que luchaba, no de lo que huía, de repente un estallido que vino
de algún lugar externo me sobresalto y mire en su dirección, un calor infernal
, enrojeció mi rostro y las llamas se hicieron presentes, sentí como el humo
entraba en mis pulmones, tocia, mire
hacia donde él estaba, quería ir a desatarlo para salir de aquel sitio que
estaba envuelto en llamas; cuando mire asía él estaba tumbado en el suelo había
roto de alguna forma la silla, y se revolcaba tratando de desatar los nudo.
Supongo que grite, por que deje de oír su relato y sentí de nuevo la firmeza de
su mano sosteniendo mi muñeca en el punto anterior a hacerme daño, solo veía
llamas, una patada, una puerta que se abría, y aire puro, sentirme arrastrada
mientras corría y un cuerpo envolviéndome antes que todo estallara a unos
metros nuestros. Cuando sonó el temporizador del teléfono, paro su voz, entendí
que hacia un par de minutos yo estaba en el suelo del estudio hecha un ovillo
sosteniendo fuertemente la cámara protegiéndola con mi cuerpo; la
vergüenza se hizo más evidente, cuando al abrir los ojos, vi sus converses y una mano extendida que se ofrecía ayudarme para levantarme.
No pude mirarlo, la
vergüenza excedía cualquiera que hubiera asentido antes en mi vida, no quise
ser grosera y no aceptar su ayuda, aunque adentro mío pensaba, todo es su
culpa, la tome y la sensación fue inexplicable, como si los poco más de 30
minutos que habíamos estado juntos se me pasaran enfrente en retrospectiva, muy
rápido y la última imagen que quedara en mi cabeza fuera la pálida línea curva
del arco de Cupido y una electricidad recorriera todo mi cuerpo terminado por
convertirse en chispa entre nuestras manos.
Una vez de pie, me aleje
casi como asustada, el hizo lo mismo, miro su mano con incredulidad y se la
refregó por la ropa, camine hacia la habitación continua y cambie de nuevo la
tarjeta de memoria, esta vez no me siguió, parecía como si el también estuviera
algo perturbado, me dije, es solo estática, me suele pasar a menudo, nada que
no pueda explicar la ciencia, volvió a hacerse presente la necesidad de los
tranquilizantes, pero algo me distrajo, la música había cambiado, algo más
actual, era una especia de fusión entre reggae, hip hop, pop , nada que yo hubiera elegido; Lou Reed volvió a susurrarme
“mostly you just maje me mad” , ahora la sonrisa sarcástica estaba en mi cara,
era como si lo hubiera resumido en una canción, si no conocen The Velvet
Underground , gooogleenlo es más que necesario, la sola idea me cambio el
humor, sabía que tendría que enfrentarlo y verlo por dos minutos fijamente
pensando en el momento más feliz de mi vida, con los sujetos uno y dos, había
puesto mi mente en blanco, tanto al pensar en el peor como al pensar en el
mejor recuerdo que había tenido; en parte
porque sabía a cuál no quería enfrentarme y porque en realidad no sabía si tenía uno buen
recuerdo, nunca había sido una persona muy feliz, sentía que el pesimismo, el
existencialismo no me lo permitía. Me dije a mi misma, venga vamos, si
sobrevivimos a lo peor, seguro algo encontraremos en lo mejor.
Cuando volví al estudio
estaba sentado en su butaca, mirando sus pies, tamborileando los dedos sobre
sus muslos, mientras uno de sus pies marcaba incesantemente como un metrónomo
el 4 x 4 > Empezamos< dije algo
más animada de lo que esperaba, y sentí como mis mejillas se ruborizaban; pero
fueron solo por unos segundos, porque percibí de nuevo ese gesto parecido a una
sonrisa que se aventuraba en su cara y la guerrera combativa que habita en
mí, no lo quería dejar ganar.
Deje la cámara en el
suelo por tercera vez, puse el temporizador, respire profundo y volví a
encontrarme con el amargo dulzor de su mirada; de repente todo desapareció, se
olía el aroma embriagador del pan recién horneado, todo parecía ocurrir con una
lentitud dominical, soporoso y embriagadoramente hermoso, el sol entraba
cálido, dorado y tibio por una ventana, la cocina primero me sorprendió por su
escala, pero luego comprendí que era yo lo pequeña, y supe dónde estaba,
escuche la vibrante y aguda voz de mi tía hablándome, corrí camino al patio y
al final de la pérgola en una conversación acogedoramente intima , estaban mis
abuelos, hacia tanto que no los veía así, que no veía el amor que se profesaban
compartiendo una mirada, que sentía ganas de llorar, las lágrimas cayeron por
mis mejillas, pocas veces en mi vida había llorado de alegría, esa era una de
ellas, se habían ido hace tantos años, que verlos ahí tan nítidamente me
sobrecogió, un idea fugaz paso por mi mente,
había sido una nieta muy querida, por ambos lados, habían compartido conmigo
sus alegrías y tristezas tanto los padres de mi madre en ese momento, como los
de mi padre, en mis dolores; voces de muchos niños que bajaban de una especia de casa sobre un árbol
de pomelo, me volvieron en mí, eran mis
primos, se peleaban entre ellos
por dejarme jugar, uno decía que si el otro que no que yo era una niña, que eso
eran juegos de niños, pero mi primo favorito siempre ganaba, el me protegía, él
siempre había estado ahí para mí, era mi héroe , todo lo que con los años nunca
pude encontrar en un hombre, amable,
cariñoso, tierno, sincero, pero sobre todo él nunca había hecho diferencias, yo
era su compañera de juegos, no importara que fuera una niña; la cima del árbol
parecía como si hubiera escalado el más alto de todos los picos del mundo, era
la única niña por ahí, entre tantos niños y yo también lo había logrado,
fantaseamos, inventamos cuentos, historias, “nunca jamás” se materializaba
frente a nuestros ojos de niños, y esa casa siempre guardaba ese recuerdo, esa
enorme felicidad de ser aceptada y amada, del amor fraternal y puro, de la
infancia donde la simpleza de la vida
florecía en miles de nuevas
experiencias, donde las preocupaciones no existían, y el aroma de la comida de
mi tía nos llamaba desde la cocina a la hora de la merienda, para deleitarnos
en el abrazo maternal, de un dulce hecho en casa untado sobre el pan recién
horneado.
El temporizador sonó y fue la primera vez
en un poco más de media hora que no esperaba que lo hiciera, vi que hizo crujir
su cuello y dejo la cabeza ladea felinamente, estaba estudiando cual sería mi
próximo movimiento, yo había clavado lo ojos en alguna parte de la pared del
fondo, y era como si el despertador hubiese sonado por error un domingo de
mañana, y quisiera seguir remoloneando en la cama, había sido una verdadera
sorpresa recuperar tan vívidamente aquel preciado recuerdo, pero aun fue más sorprendente
lo que siguió >Mmmm, eso me dio hambre< dijo con voz algo más animada que
la monótona que había usado desde el saludo y una sonrisa impropiamente
infantil se dibujó en su cara, creo que se contuvo una carcajada cuando vio mi
gesticulación de incredulidad hacia lo que estaba diciendo.
>Te parece si seguimos< me dijo con
una mirada que no había visto antes de su parte, casi como si fuera otra la
persona que tenía enfrente, cándido y algo juguetón , centelleaba en sus ojos
marrones una luz que no había visto hasta ese momento. Hasta ahora siento al
recordarlo mis mejillas rubicundas, y su mirada baja escondiéndose tras su
flequillo un tanto cohibido cuando se dio cuenta. >Si < >genial<
dije tratando de cambiar el color de mi cara pensando en otra cosa, volví a
arreglar la luz, aunque no hacía falta, camine devuelta a mi lugar, tome la
cámara de donde la había dejado, le mostré el teléfono y dije
>Empezamos< lo vi ya detrás de la lente asentir casi como
un niño, mientras empezaba a contarme con ese monótono tono al que ya me había acostumbrado,
y una sonrisa boba se apodero de mí.
Por un par de minutos volvió a cubrirse
el rostro con las manos, esas manos que había admirado desde el momento que las
vi salir de sus bolsillos; cuando las retiró de su rostro empezó a mover los dedos en el
aire como si tocara el piano; pensé que escuchaba las digitaciones básicas de un
niño que inicia su aprendizaje, parpadee, cerré unos instantes los ojos, olía a
primavera, se sentía una tenue brisa escabullirse, abrí mis ojos para ver donde
estaba y la habitación era prístinamente blanca, como un sueño, salido de algún
video musical, los ventanales dejaban pasar los rayos del sol, todo era
hermosamente blanco, pacifico, en medio de la habitación había un pequeño
sentado frente a un hermoso piano de cola, practicaba, podía verse en su rostro
la felicidad cuando sus dedos tocaban las notas perfectamente, aunque pequeños
pude ver, como se esforzaba por hacerlo perfectamente bien, la música fue mejorando, paso de simple a
compleja en segundos, mientras el niño pasada a ser preadolescente,
adolescente, adulto, pude notar como la luz del día pasaba por la ventana,
seguido por la luz de la luna, pude escuchar la lluvia, el viento, las
estaciones pasar, y el que fue niño y ahora era adulto seguía ahí, en una
especia de trance, con una serenidad impasible, como si sus manos sobre las
teclas del piano fueran mantras, y esa fuera su mejor meditación , pude sentir
como los acordes lo envolvían como su espíritu brillaba y fluía con ellos,
como todo a su alrededor parecía simple,
aunque sus manos se movieran con una complejidad envidiable; pase de reconocer
alguna que otra pieza, a pensar que jamás había escuchado otros, y entendí,
que ese era su recuerdo más feliz, un
lugar donde se escondía, un piano en un íntimo rincón de su mente, donde se
sentaba solo a tocar y componer; y no pude más que sentirme muy alagada por
estar ahí parada como un voyerista observando la gloria de la creación, el fraterno
encuentro del músico y su instrumento; ese sitio aislado del mundo, de las
preocupaciones, de la vida cotidiana, donde el artista es el mismo y yo podía fotografiarlo.
Baje la cámara y la que lo miraba ahora
tratando de entender todo aquello era yo; tenía los ojos idos, como si sobre mi
cabeza hubiera algo que yo no pudiera ver.
>Gracias< dije sinceramente, era
muy prosaico pero no había otra palabra para sintetizar aquello, hasta ahora no
lo comprendo del todo; sacudió la cabeza, se pasó la mano por las cara y dijo
> Deja de leer a Murakami, te pareces a mi mejor amigo, solo hay estupideces
existencialistas en tu cabeza<
Bufe ofuscada, y volvió a sonar la
canción que había dado vuelta en mi cabeza hacia una hora, le di la espalda,
cambie mi sonrisa de embelesada, por un seño arisco y una semblante belicoso,
había olvidado el lugar donde me había llevado unos minutos atrás solo podía
pensar en cómo me volvía loca, camine sin mirarlo, pero sabía que me estaba
observando con esa mueca que aunque nunca había visto de frente, la sentía
dibujarse en su cara cada vez que lograba enervarme. Cambie la música del
Spotify, era necesario para mi escuchar “Pale Blues Eyes “
>Así que te hago enojar< me
dijo >Eso es agradable, prefiero eso
< me quede petrificada sin saber qué hacer, no sabía cómo pero parecía que
leía mis pensamientos, por una fracción de segundos volvió aquel rollo
existencial a mi cabeza, y yo que me pensaba una persona complicada, estaba ahí
frente a alguien que me había descifrado en menos de una hora, tan simple era?,
tan superficial era todo lo que yo pensé profundo?, cual idiota me sentía en su
presencia, era eso lo que me hacía enojar, no tanto él , ni su petulancia, eran
los pensamientos a los que se dirigía mi cabeza en su presencia, me sentía
desprotegida, como si mi muralla se hubiera derrumbado, como si estuviera por
primera vez desnuda frente a él, con absoluta pérdida del control que era una
necesidad imperiosa en mí; el control; controlar mis pensamientos que se
escapaban a donde se les antojaba y no me dejaban concentrarme; control sobre
mis emociones, que pendulaban entre la euforia la felicidad, la desazón y el
hastió.
>Muero de hambre, te invitaría a
comer, pero me han advertido que jamás aceptarías, y no me gusta quedar como un
idiota enfrente a una chica< por fin vi la mueca sarcástica en su rostro,
disfrutando mi cara de asco y la ambigüedad de su frase jugando con mis
pensamientos.
>Supongo que esperas que un
intelectual snob que escucha jazz y lee las sandeces filosóficas que te gusta,
venga a llenar tu vacío existencia; pues déjame que te de un consejo, al diablo
la intelectualidad, deja de pensar tanto, se te pasa la vida, vívela; SI, es
una mierda, lo he visto, lo has visto tú también; pero ya, déjalo ir, “Somos
imperfectos en un mundo imperfecto” no
le des tantas vueltas, deja ya de tanta retorica silente en tu cabeza, cuando
estés lista dentro de unos meses, luego que termines de escavar en tus dolores
y autoflagelarte, vas a ver estas imágenes las de hoy y vas a llamarme;…. Lo
sé, lo harás<
Seguía estupefacta, con la cámara en la
mano y mirándolo atónita, no sabía si realmente lo estaba diciendo, si me lo
estaba imaginando, si todo aquello había sido real, si solo era una estúpida
broma de mi cabeza; lo vi levantarse, yo seguía estuporosa, esas palabras se hacían
eco en mi cabeza “autoflagelarme” “intelectual snob” “jazz”, como coños él sabía que me gusta
el jazz; lo seguí sin pensar mucho hasta la puerta, ya tenía la capucha echada
sobre la cabeza, las manos en los bolsillos y miraba el piso; por un según volvió todo a ser extrañamente
más frio que antes, su gélida presencia volvió a hacerse notar, como si esos
últimos 15 minutos y esa perorata casi impropia que me había espetado unos
minutos atrás solo hubiera sido un error, o un desliz; mis miedos volvieron a
caminar sobre mi piel poniéndome la piel de gallina; se paró
justo frente a la puerta del ascensor de espaldas a mí, yo seguía viéndolo irse
sin entender lo que había pasado, se abrió el ascensor , seguía como una
estatua en la puerta mirando hacia donde él estaba, y cuando la puerta se
cerraba para bajar dijo >Nos vemos<
Había pasado casi un mes, desde aquel >Nos vemos< la perorata que me había escupido; y la
fluctuación tan irregular de mis sentimientos, desde aquello que había parecido
a mi entender una alucinación, mi mente todavía trataba de procesarlo de
encontrar una lógica a lo que no la tenía; y quién sabe si alguna vez la
encontrare, pero entre sesiones, cuando miraba las fotos de los demás sujetos y
las catalogaba, las estrujaba y las criticaba severamente, no podía dejar de
pensar en él , en la profunda amargura dulce de sus ojos color caramelo , en
sus palabras, >Snob intelectual, que
le guste el jazz y llene tu vacía existencia< , seria eso lo que realmente
quería, sabía que después de mis últimas relaciones lo último que necesitaba
era alguien más, que reconstruirse era necesario para acoplar a alguien a mi
vida de nuevo, no encontraría la
plenitud en otro y si, no lo negaba había fantaseado varias veces con esa clase
de hombres.
Recuerdo haber estado sentada mirando una
pared blanca de mi escritorio donde jamás había decidido que colgar, un poco
por falta de interés, mucho por falta de decisión, pero estaba ahí al igual que
las palabras que él me había dicho, increpando mi procastinación, esta
quiescencia de la que solo aquel nuevo proyecto me había sacado, y a la cual
muchas veces quería volver,; porque allí aunque el aire me faltaba; controlaba
todo, y eso me daba seguridad. Esa pared blanca empezó a hablarme, empecé a
redefinir en mi menoría los rasgos de su rostro, que no había vuelto a ver, ni
siguiera sus retratos, empecé a vislumbrar el arco de su labio superior , la
curvatura grácil de su media sonrisa, la forma hermosamente gatuna de sus ojos
rasgados, la languidez de sus extremidades, y esas mano, con las que había
soñado más de una vez, deslizándose sobre las teclas blancas y negras de un
piano; no quería pensar en él , pero lo hacía; me negaba a sucumbir, a su halo
de misterio, a su melancolía que me sonaba a Nocturno de Choppin y su
irreverencia punk que me recordaba a The Velvet Underground; a su sinceridad y
mi inexplicable transparencia enfrente a él; me negaba pero al mismo tiempo no
podía apartarlo de mis pensamiento; asumí después de verlo montado en mi pared
blanca como un cuadro, mientras meditaba , que debía por fin ver las fotos que
habíamos hecho, que tenía que vencer esa espasticidad que no me dejaba moverme
y aun si perdiera de nuevo el control ; era necesario volver a ponerme frente a
él, volver a verme a través de él , como si un espejo me hablara y todo lo que
estaba dentro mío por fin pudiera salir; sube en ese momento que era necesario,
que eso era lo que buscaba cuando empecé con las fotos, ni uno de los demás
sujetos había logrado calar tan profundamente en mi como él, nadie me había
llevado a pasear por sus emociones como por las mías, y pensándolo
bien nadie antes había logrado quedarse por tanto tiempo en mi cabeza
repitiéndome una y otra vez que dejara el existencialismo de lado y me dedicara a vivir, esta mierda de vida, porque no nos
quedaba de otra.
Me despabile agitando mi cabeza y
refregándome la cara, di vueltas mi silla giratoria hacia la pantalla del
ordenador, busque la carpeta con la fecha y dentro de ella lo encontré “Sujeto
numero3 “, respire profundamente tres veces antes de exportar las fotos al
editor digital y cuando la primera apareció en la pantalla el deja vu se hizo
presente acompañado de ese escalofrió inherente
a su gélida presencia; esa que solo me devolvió la calidez cual
primavera que derrite la nieve del
invierno, al rememorar esos momentos, al hacerme sentir, y al hacerlo
recordarme que seguía viva ; llegue a
las fotografías que habíamos hecho en los últimos 15 minutos, y las dudas se
disiparon , tenía el retrato que había buscado, ese con el que cualquier
artista fantasea , ese que Oscar Wilde
tan trágicamente supo describir, la obra y la musa
conjugadas en un espacio tiempo, compartiendo su esencia, el alma
capturada por mi lente, y en ese momento mi corazón
adormecido por el pasado y los tranquilizantes, empezó a dar señales de seguir aún activo; una
lagrima de alegría se asomó a mi rostro
e instintivamente busque el teléfono para mandarle un mensaje.
Otro mes más , los mensajes habían sido
escuetos, ambos estábamos muy ocupados, me habían dado la oportunidad de
presentar las fotografías del proyecto en la galería de un amigo y no pensé
mucho, quería trabajar para poner mi mente en blanco; esa noche en particular no
había pensado para nada en él; los
nervios me estaban consumiendo por dentro, mi copa de vino en la mano mientras
hablaba con cada uno que se acercaba para preguntarme sobre el proceso se
vaciaba y se llenaba; ya tenía un discurso pseudo cool estudiado para decirle a
los desconocidos, a mis amigos no les podía mentir, me salvaban tomando relevos
de las personas , en un momento uno de ellos me llevo a fuera con la excusa de
fumar; casi le dije pero si yo no fumo,
cuando su gesto con los ojos, me lo hizo entender; al salir todo me daba
vueltas, me prohibieron el vino, otra amiga llego para llevarme al baño, me
hicieron un café que tome sin querer porque detesto el café, me dieron a
la fuerza algo de comer, me lavaron la
cara y volvieron a maquillarme, yo estaba ida, no quería más ver a nadie, pero
sabía que era necesario, antes de salir de la trastienda de la galería le
suplique a una amiga para que se quedara ahí conmigo, pero entre todos me
arrastraron de nuevo al salón, diciéndome que faltaba poco para cerrar y que
después podía estar sola el tiempo que quisiera, volví a poner la estúpida
sonrisa social que tenía interiorizada después de tomarme un necesario
tranquilizante , por gracia y obra de la providencia en la que no creo, la
gente se disipo luego que los músicos dejaron de tocar, y mi amigo, el dueño de
la galería cerro el lugar, el resto de mis amigos fueron a la trastienda donde
había un patio en el solíamos reunirnos y siguieron divirtiéndose; no insistieron para que los acompañase,
atenuaron todas las luces y me dejaron ahí sentada frente a las 7 fotos suyas
que estaban montadas en la pared principal; de todo el lote eran las únicas que
no se habían vendido; porque las había marcado como vendidas desde el comienzo;
no me podía desprender de ella. Las había montado con palabras plotteadas en la pared
alado de cada imagen casi no se notaban porque era blanco sobre blanco; empecé
a repasar sus imágenes de izquierda a derecha la primera eran sus manos, sabía
que sobre el marco a la derecha casi imperceptible se podía leer “Piano”; en un
tamaño un poco mayor ligeramente superior se veían sus ojos tras el flequillo ,
una leve sonrisa se dibujó en mi cara, al costado derecho inferior decía “Azúcar amargo”, a continuación estaba
una de las tres fotos grandes suyas que reinaban sobre la pared, la expresión
era absolutamente vacía, había escuchado a la gente reaccionar de mil maneras
frente a esa fotografía , la que más concordaba con mi impresión había sido
>Seguro es un excelente jugador de Póker< , pocos se habían dado cuenta
que en el costado inferior izquierdo se podía leer una Frase del Drácula de Bram Stoker “Bienvenido a mi morada. Entre
libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae.”;
del mismo porte había otro retrato, uno duro, casi estoico, se veía el dolor
pero también se veía rabia y fuerza, unas ganas de explotar y salir; hice un
gesto negando con la cabeza y sonriendo, en el borde superior derecho había
escrito “MOLOTOV”, me parecía absolutamente inestable como una bomba cacera ;
la foto que le seguía era otro de sus retratos , pero no lo quería ver aun,
quería quedarme más tiempo en él , así que gire más mi cabeza a la izquierda
donde había una fotografía de la curva superior de su labio, se podía leer por
las sombras de que decía en el costado inferior izquierdo “DICOTOMIA”, por
ultimo una de las fotos más pequeñas que nadie había entendía por qué incluí,
era una foto movida donde se veían solo sus pies, no me importo mucho que me
dijeran que no la pusiera que arruinaba todo el conjunto porque para mí era
importante , mucho más pequeño que los otros en la parte lateral izquierda
decía “4x4”, recorrí de nuevo con la vista cada una de las imágenes caminando
de un lado a otro frente a ellas, respire profundo acerque una butaca que se encontraba a unos metros y a continuación me senté frente al último de
los tres retratos grande, en el que al cerrar los ojos lo veía sentado frente
al piano, transformándose de niño en adulto mientras todo pasaba a su alrededor
y él seguía sereno; apoye ambas manos en mi cara, quería llorar , era un lugar
así el que yo necesitaba para escapar de los dos retratos anteriores, y cuando
el sollozo empezaba a hacerse estrepitoso, sentí una mano sobre mi hombro, una
conocida, firme y tranquila; era él; seguí llorando el solo dijo > Una vez leí una frase que decía algo así
“quizás tu que estuviste ahí, seas el único que puede entender, que después de
tanto caos, cuesta acostumbrarse a la paz.”.<
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