viernes, 16 de agosto de 2019

Retrato Psicológico (1-13)


 “esta es mi primera historia larga en mucho tiempo, pero cuando la  musa aparece hay que  subirse al tren a ver donde nos lleva, por más inesperada que esta fuera, por mas fuera de nuestra zona de confort la misma nos haga sentir, no podemos negarle a la musa, cual quiera esta fuera, el acto de amor mas prodigioso, la creación donde el autor conjuga la inspiración que recibe de ella y su vida para crear eternidad”

Nota del Autor: La música es uno de los tres pilares que mueven mi proceso creativo, suelo decir que es el alma de mis personajes  este en particular suena mas que otras historias, tendra que ver con la musa? no lo se pero de todos modos he creado un playlist para que lo escuchen mientras leen 



Retrato Psicológico 


Este proyecto comenzó, un una idea muy egoísta, de tratar de curar mis heridas ayudando a curar las de otros; no estaba muy segura de porque en ese momento era lo que necesitaba, pero de lo que si hasta hoy estoy consciente, es que lo hice con el solo objetivo de tratar de encontrar una solución  al hastió que sentía. Anteriormente lo había intentado usando otros métodos menos creativos y más farmacológicos, algunas veces legales otras no; pero nunca había llegado a este estado de sublimación absoluta que es ver después de un par de  meses tu creación plasmada , el dolor convertido en talismán y las mariposas revoloteando en tecnicolor. La premisa era simple, y aunque  lo había intentado con gente cercana, o conocidos, no había logrado el resultado que esperaba, que es lo que iré comentándoles al transcurrir este relato.
Esas tarde de domingo reuní el poco valor que me quedaba y escribí el siguiente posteo, que después reproduje en mis redes sociales y se expandió gracias a mis amigos “busco personas mayores de edad que aparte del castellano o el inglés hablen fluidamente otro idioma, para sesión de retratos psicológicos. Comunicarse al inbox” después de leerlo y releerlo, lo postee, arrobe a mis amigos para que me ayudaran a difundirlo y me senté a esperas. Supongo viéndolo a lo lejos que fue la copa de vino, más bien la botella que me había tomado mientras esperaba que alguien me respondiera y me peleaba con mi frustración creciente por no dejar todo y mandarlo a la mierda; que cuando llego el primer mensaje corrí a la cocina a traer otra botella y mientras la descorchaba fui respondiendo las preguntas y escribiendo en mi blog de notas ítems que creería me servirían.
Me rió al pensar lo desvergonzada y caradura que fui, al hablar con esas primeras personas, como si ya tuviera todo resuelto, como si yo supiera exactamente por dónde irían las sesiones y que impacto tendrían en ellas , pero el alcohol logra en  mi cosas que nadie más puede; anote los números de 3 personas esa noche antes de ir a dormir, creo haber hurgado en sus redes sociales para ver que me decían de ellos, quede en que en la semana nos hablaríamos para quedar de acuerdo con la hora y el lugar donde las haríamos, extrañamente todos me preguntaron si el desnudo era una condición, y de verdad no lo tenía en cuenta , así que mi respuesta fue amplia y ambiguo como suelen ser mis respuestas cuando quiero parecer más inteligente de lo que soy.
En aquel momento no pensé que estaría en el lugar que hoy me encuentro, en ese momento, no pensé que conocería tal grupo heterogéneo de personas, en ese momento no creí que las cosas se movería de tal modo, que nada de lo que yo esperaba en un comienzo se concretaría pero aun así tengo tanto que contar que nada les parecerá un desperdicio.
La pregunta que más tuve que responder durante esas semana fue, el porqué de un idioma que no fuera el español y el inglés, y esa la tenía fácil , lo había intentado con personas afines, conocidos, y cuando las preguntas se ponían intimas ,, el lenguaje los llevaba a mentirme, a maquillar las verdades, a tratar de que lo que tenían que decir no fuera realmente lo que era sino aquello que se esperaba, aquello que era socialmente aceptado; así que necesitaba, que las personas hablaran otro idioma que yo no entendiera, para que así, me contaran sus verdades de verdad con sus palabras sabiendo que yo no las entendería, así podría tener la imagen que necesitaba encontrar, el verdadero ser de esas personas.
Y si el ser es de las preguntas más rebuscadas de la filosofía y de mi cabeza, de mis dolores, de mis heridas, y es ahí donde quería llegar al verdadero ser, al que no se esconde y solo nos deja verlo de vez en cuando y por fracciones de segundos, yo necesitaba  esa imagen, pensaba que si lo lograba, lograría encontrar las respuestas que no me dejaban dormir por las noches
Durante la primer semana, mientras seguía recibiendo mensajes de la gente y acomodando horarios para poder coordinar con ellas, me seguía preguntando, si estaba bien lo que estaba haciendo, si realmente podría conseguir algún tipo de resultado, mis inseguridades se apoderaban de mí, había hecho fotos muchas veces pero la idea de poner esto en marcha, reforzaba, “el no eres capaz” que mi educación había logrado imponer; pero esa noche de miércoles todo cambio, nada volvió a ser como antes, nada volvió a tener el mismo valor, ni el mismo enfoque, no pensé que se me iría de las manos; de ahora en adelante , lo llamare sujetó número 3, y solo porque con él las cosas tomaron el camino que estas letras hoy les cuentan, dejo a los sujetos 1 y 2 para más adelante, si es que creo necesario contarle sobre ellos.
Eran cerca de las 21 horas, mi amiga me había prestado su estudio para hacer las fotos, estaba agotada, había hecho dos sesiones antes a esa, y lo único que sabía de esta persona era su nombre, un amigo lo enviaba, me dijo “ya lo sabrás cuando lo veas”, haciéndose del enigmático, me ponía muy nerviosa  ese tipo de frases, pero como sabía que yo solía hacer lo mismo con el cuándo necesitaba respuestas más concretas y yo adornaba mi gramática con miles de sustantivos y adjetivos sin decir mucho, contuve mi mal carácter.
Fui al baño me lave la cara, pase por la cocine y volvía a llenar el termo con agua caliente, más té, era todo lo que quería; acomode de nuevo la silla del estudio, silencie la música y deje el Spotify abierto en mi cuenta para que al llegar pudiera poner la música que le gustara; el cansancio me estaba impacientando, porque habían pasado casi 10 minutos de la hora, y mis TOC se apoderaban de mí; compulsivamente empecé a arreglarme el cabello, pasándome una y otra vez las manos por la cabeza,  no entendía el porqué de esa sensación, ya era la tercera persona a la que fotografiaría, ya tenía mi discurso casi pulido , ya pensaba saber cómo reaccionarían, todavía no me gustaban los retratos que tenía, pero sabía que eso se iba a dar con el tiempo.
Sonó el timbre, y me sorprendió de  modo, que el grito que salió de mis labios era impropio a mi cotidiano comportamiento; creo que por eso me encontré corriendo hacia el portero automático; escuche el nombre que tanto esperaba y le abrí la puerta del edificio desde el departamento; camine tratando de tranquilizar mi corazón que estaba muy acelerado, pensando en mis 10 canciones favoritas de los Beatles, respire tres veces profundamente emulando las respiraciones que la clase de yoga había intentado enseñarme, alise mi ropa con las manos frente a la puerta del estudio, volví a respirar, sabía que el ascensor era lento.
Mi cabeza empezó de repente a agrupar las preguntas que ya había formulado en las sesiones anteriores. Y me encontré repitiendo en silencio; hola soy fulana de tal, estas fotos son para un proyecto personal, este es el contrato para la utilización de las imágenes si así las necesitara, tanto en una muestra como en un libro, la misma estipulan que tu identidad, o lo que pueda decirse en esta sesión es absolutamente confidencial. Ok vamos a empezar de esta forma, voy a explicarte cómo vamos a trabajar, primero quiero que elijas un playlist que sea de tu agrado, y pongas música, probablemente, baje el volumen hasta que sea solo un susurro, voy a ir haciéndote una serie de preguntas, y antes de responderlas vas a mirarme directamente a los ojos y a pensar dentro tuyo la respuesta más sincera, la que no se te hubiera ocurrido decirle ni al cura si crees en Dios, ni al psicoanalista ….. Antes de seguir con el ordenamiento compulsivo de mis ideas, sonó el timbre y el mundo se detuvo por primera vez esa noche  cuando al girar el picaporte y abrir la puerta, el gélido tedio entro atrás de  él en la habitación.
La temperatura bajó un par de grados, por alguna extraña razón; el sujeto número 3 llevaba un buzo con capucha; miraba sus pies al caminar; media unos cuantos centímetros más que yo; era alto delgado; saludo con un monosílabo; mientras cerraba la puerta, pude sentirlo casi en la nuca respirando como un “dementor” , y mis miedos me recorrieron la piel, poniéndome los pelos de punta; sostuve un suspiro y di vuelta sobre mis pies; con una sonrisa absolutamente falsa y social en la cara y en ese instante, el suspiro que antes sostuve se atraganto en mí garganta; trague saliva; mientras el sacaba las manos de los bolsillo, sus dedos era largos y finos, podía sentir sin tocar cada vena, cada tendón, cada cicatriz, sus luces y sombras;  en cámara lenta las llevó hacia la capucha; aún tenía la cabeza gacha, se la sacó y arreglo su lacio y castaño cabello;  levanto la cabeza con  los ojos casi cerrados, el flequillo tenía el largo justo antes de ser molesto; su piel era blanca; extremadamente blanca;  al abrir sus ojos y  por un instante cruzarse con los míos; que atónitos buscaban la forma de parecer profesional; creí notar un leve tono de rubor en sus mejillas; que pareció disiparse al desviarme la mirada; soy el sujeto número 3 (la verdad es que me dijo su nombre, pero sigamos manteniéndolo en secreto) me dijo, acompañado de una leve inclinación de cabeza; lo que me dio a entender que mi gesto de pasarle la mano, y más aún el de saludarlo con dos besos en la mejilla estaban desde ya descartados; me repuse, regañándome mentalmente, es "un sujeto", hice lo mismo diciendo mi nombre, le mostré la  notebook y le pregunté si quería poner música, ladeo la cabeza como si no me entendiera, hice un gesto con las dos manos hacia el Spotify abierto, y dio unos pasos hacia mí; me aparte casi con miedo tratando que no se note; >lo que yo quiera? <; Pregunto bajito, disfónico, carrasposo casi gutural con escepticismo; respondí un corto >si<, mientras colocaba la luz y la butaca en su lugar; la música de un piano con reminiscencias  comenzó a sonar; no quise parecer inculta y menos entrometida preguntando que era; así que le mostré donde sentarse y empecé la explicación que antes había planeado en mi cabeza.
>Quiere que te mire?< volvió a hacer ese gesto que no llegaba a ser mueca cuando  ladeo la cabeza; asentí; estaba sentada en mi banco a unos tres metros  y solo podía pensar que aun así podría escuchar mi corazón acelerado; cuando me  detuve y  fije los ojos en  los suyos, dijo >así esta bien?< Y por unos 3 o 4 segundos que parecieron eternos no le pude responder; no pude articular palabra; solo podía ver; colores; marrón, café, chocolate, madera, barro, azúcar morena,  ese era el color que buscaba para describirlo; carraspeo para que le respondiera; sonreí espásticamente y reafirme con la cabeza ganando tiempo para que me saliera >si, perfecto, empezamos<
Esperaba no tambalearme en el banco, tiendo a ser muy torpe, y la vergüenza frente a él me bloquearía , apoye mi cámara en el  suelo alado de mi pie derecho, tome el teléfono apoyado sobre mis converse a un lado de la cámara, busque la sincronización que ya tenía armada para las sesiones, era la tercera; lo  mire de reojo,  su palidez resplandecía , sus ojos rasgados miraban al piso,  creo que a mis medias, me había puesto las peores ese día, tenía unos hoyos, instintivamente arrugue los dedos para esconderlos, e intuí un esposo de irónica sonrisa en su cara; note sin ver como cambiaba el peso de un hombro al otro, como si buscara estar cómodo; volví a repetir, como si eso me diera coraje y un aire de profesionalismo >  es sencillo, como te lo había explicado por mensaje de texto, voy a hacerte tres preguntas la primera va a ser quien eres y vamos a mirarnos sin hacer las fotos por 2 minutos ininterrumpido sin desviarnos la mirada, en ese tiempo no voy a hacer fotos, quiero que vayas pensado en tu cabeza como te presentarías sinceramente, sin ni un prejuicio, como si pudieras salir sin temor al que dirán o a ser juzgado, sin que existieran las normas de la sociedad; cuando suene la alarma voy a volver tomar mi cámara y por 10 minutos voy a hacerte fotos, y vas a ir repitiendo en cualquier idioma que yo no entienda lo que antes pensaste, sin miedos a que alguien lo escuche porque, esto no se va a grabar, y yo no entiendo nada de coreano, luego cuando vuelva a sonar …., antes que termine, susurro >lo entendí la primera vez, no tienes que repetirlo<, la habitación volvió a bajar unos grados la temperatura , respondí >ok< tratando de no arquear mis cejas, con una de mis consabidas gesticulaciones. Me acomode le di play  al temporizador y pude ver entre las pestañas cuando me ponía recta lentamente, para iniciar; como sus ojos marrones, ya estaban clavados en el lugar que había calculado estarían los míos y de repente .............................................
el tiempo y espacio desapareció,  como si nada tuviera materialidad, como si estuviéramos en otra dimensión, como si fuéramos moléculas y pudiéramos sentir cada una de ellas, éramos el universo y la unidad al unísono; podía ver como sus ojos se iban vidriando, como una sutil lamina esmeril nublara su vista; parpadeo una o dos veces; sin hacer un solo gesto, su cuerpo  estaba inmóvil, solamente sus ojos, parecían estar más húmedos, y empecé a sentir como si todo a mi alrededor fuera vacío; las lágrimas empezaron  a caer por mis mejillas, y los aros con céntricos opalinos, amargos como caramelo y azúcar quemada, de sus ojos, me fueron llevando por un camino de  desazón y  hastió, como si la depresión que las pastillas habían acallado, volviera a apoderarse de mí ; me pareció verme en el fondo de la copa de vino; en la profundidad agobiante que me reflejaba, convertirse de redentora en castigo,  como si él estuviera leyendo más dentro mío, que yo dentro de él, como si sus miedos, y los míos en algún lugar convergieran, como si el conociera lo que albergaba el diagnostico que callaba; era como si la desazón, la desesperanza y la tremenda necesidad de silenciar todas las voces, la tremenda necesidad de estar solos, y aun así  saber que nunca lo estabas, nos uniera. Me vi en un lugar conocido, frente a un abismo, mirando para abajo, escuchado la pregunta que yo misma me hice muchas veces, que habrá después? Terminará esto alguna vez? Las cosas serán más ligeras? Seremos libres alguna vez?. La respiración empezó a molestarme, pude escuchar la pregunta no dicha, entre el todo y la nada, será la nada mejor?; sentí vagamente como ladeaba la cabeza y yo copiaba el movimiento, pero seguía atrapada en el laberinto, con la respiración del Minotauro pisándome los talones, en una opresiva obscuridad, con un dejo de luz, de luna que guiaba mis pasos, y cuando pensé que no soportaría un segundo más; sentí como si me tomara la mano, vi una chispa resplandeciente centellear en sus ojos, sentí calor, sentí alivio, esperanza en el campo de batalla, de repente todo aquello que antes reinaba, se convirtió en una idea en una idea constante pero silente , sentí un abrazo fuerte, un dolor áspero en la garganta por gritar de furia; el precipicio estaba lejos, podía sentir el orgullo de haberme alejado del abismo, del haber salido de las tinieblas de haber enfrentado a la bestia. Sentí euforia, alegría, como cuando estas frente a una imagen y alineas tu corazón tu mente y tu cámara con lo que ves; frente a la magia de la creación; y tuve miedo, llegue a creer que lo había dejado entrar, que él estaba navegando en mí, y cuando la desesperación intentaba  reinar, porque me sentía invadida, sonó el teléfono y pude respirar.

Me apresure a bajar la mirada, pero algo me hizo detenerme en sus labios, cuando los humedecía, estaban levemente cuarteados, tenían un tono pálidamente rosa; suspire y eso se oyó más fuerte de lo que esperaba, la mueca de sonrisa irónica volvió a ser un destello fugaz en su cara, la presentí mientras me agachaba a tomar mi cámara; le di la espalda un segundo, y lo volví a sentir respirándome fríamente en la nuca como si se alimentara de mis miedo; hice un gesto de tener frío, luego del tremendo escalofrió que sentí, y desde los casi tres metros que no separabas escuche , entre diente y monótono  >Tienes frio?<; mi respuesta se hizo esperar más de lo que yo pretendía, primero gane tiempo con alguna especie de sonido de asentimiento, luego ya más repuesta y dándome vuelta, clave la mirada en algún punto cerca de su cien como para que pareciera que lo miraba para hablar , pero francamente esquivando verlo a los ojos, aun guardaba la aprensión de los últimos dos minutos anteriores, en que vi todos mis miedos presentarse frente a mí y también vi mi redención.
>Te parece si empezamos, voy a marcarte con la mano para donde mirar, no voy a interrumpirte, puedes comenzar a contarme lo que quieras mientras no lo entienda…< Volvió a interrumpirme >Ya lo explicaste… Empecemos< Estaba comenzando a frustrarme, tantas interrupciones, sabía que todo mi discurso no era más que palabras vagas usadas para poder concentrarme, pero él lograba hacerme enojar, por un segundo una canción paso por mi cabeza “Sometimes I feel so sad- Sometimes I feel so happy- But mostly you just make me mad”, era eso tenía una capacidad de llevarme de paseo por mis emociones, y eso me enojaba, hacía que perdiera  el control tan necesario para mí. Me prepare levante la mano para indicarle donde mirar y el empezó a hablar, y yo comencé a disparar, una a una se sucedieron las fotos, como si la cadencia de su voz, las llevara como una flautista encantado, para donde él quisiera, estaba absolutamente embelesada, sus manos era cruelmente hermosas, tuve que contenerme para no fantasear con que me tocaran, su piel de porcelana reflejaba, una fragilidad tangencialmente opuesta a toda el aurea oscura que lo rodeaba, y si hay algo que puede llevarme a perder la cabeza; es la ambigüedad. Los minutos seguían su curso, no les puedo decir si eran lentos, rápidos, o simplemente habían detenido su devenir habitual, pero yo seguía haciendo fotos, para poder respirar, de vez en cuando miraba la última acomodaba la luz, lo guiaba solo con la mano, porque él seguía con el mismo tono, en el mismo ritmo, inmutable, ecuánime contándome quien era. Volvió a humedecerse los labios, y mi corazón pego un brinco, y empezó a galopar tan pero tan rápido, había olvidado ese sentimiento, estaba tan pero tan anestesiada, por el dolor, por el pasado, por las drogas, que había olvidado esa sensación; creo que se me escapo un sonido gutural, porque un silencio lo acompaño; empecé a creer que se divertía insanamente, irónico y mordaz, en silencio, con ver como mi cuerpo, pero sobre todo mi mente reaccionaba a todo él; y eso me enfurecía, seguía dando vueltas esas canción en la cabeza  “But mostly you just make me mad”; perdón dije y me aclare la garganta; ladeo la cabeza gatunamente estudiando mi absoluta falta de control ya para ese momento; volvió a ser fugaz el esbozo de sonrisa en su cara, por primera vez la inflexión de su voz tenía algo de tedio, de aburrimiento, como si el ya supiera el porqué de todo aquello, como si nada fuera una novedad, como si me catalogara como un o una más de tantos que ya había visto pasar por esa situación. Esa actitud me enfurecía por dentro, quería gritarle, enojarme, azotarlo contra la pared, para que mostrara más que una sola cadencia; no pude no gesticular y sostener mí más falsa sonrisa en la cara, mientras terminaban los últimos minutos de esa parte de la sesión.
Baje la cámara, le dije >Descansa, puedes caminar un rato, sobre la mesa lateral hay agua, aquella puerta de allí es el baño, voy un segundo a la habitación  de alado a por otra tarjeta de memoria y vuelvo<.
Seque mis manos por la ropa, antes de cambiar la tarjeta de memoria, y dejar la que llene de sus fotos  para que se vayan descargando en el ordenador. Estaba agotada mentalmente, no esperaba que los menos de 15 minutos que llevamos haciendo estos fueran tan intensos, respire profundamente y escuche desde la puerta una voz , me gire y lo  vi apoyado contra el marco con una pierna cruzada frente a la otra y los brazos en los bolsillos, un tanto encorvado, escondiendo sus ojos debajo del flequillo, como si entendiera el efecto que tienen en mí,  dirigiendo su mirada a mis pies, y supongo que a los agujeros de mis medias, tenía la cabeza ladeada, algo en él me recordaba el huraño semblante de mi gato, volvió a sonar The Velvet Underground en mi cabeza, casi que necesitaba escucharlo para que no siguiera girando el disco en mi mente y me dejara acomodar las ideas; y entendí que era  por lo de “mostly you just make me mad”(cada vez que me sacaba de quicio, como si el musicalizador de mi cerebro lo hubiera elegido de antemano, sonaba esa canción) ; su desafiante estampa imponiéndose en mi espacio privado, era lo que me hacia volver a esa canción, y si,  él me sacaba, como si supiera que hilos invisibles estirar para que mi temperamento combustionara, sentía  además que lo hacía a propósito, con todas las ganas de jugarme una especie de broma, algo sádica por cierto que no todos podrán entre, y al mismo tiempo me intrigaba, como si fuera el personaje enigmático de una novela negra, al que desde el comienzo todos los indicios apuntan, pero al final era el  que resolvía el enigma; no lograba entender como sentía que me conocía , que me leía , que me entendía; y eso me hacía perder el control, y necesitar una copa de Vino, mejor dicho la botella entera, es algo que me urgía >Seguimos< dijo cuando estaba a punto de ir al baño a por el frasco de mis tranquilizantes, ya los había dejado, pero esa falta de control está tambaleando mi mundo; creo que lo intuyo > Se hace tarde< dijo como sabiendo que de esa forma me olvidare de las pastilla, y la rabia por sentir que me está apurando iba a dirigirse a él y  nos llevaría de nuevo al estudio > si< >ya voy< de una extraña manera se giro en dirección al estudio, respire  hice que mi cuello gruja, respire dos veces más, y me encamine al estudio; lo encontre sentado en el banco, con una actitud algo más petulante, casi arrogante , la palabra exacta era combativo; eran los dos minutos en los que debíamos hacer silencio y pensar en el peor momento de nuestras vidas, sentí que estaba por levantar un muro invisible entre ambos, pero de todos modos me daba pánico, que mi cabeza lo deje entrar como ya lo había hecho anteriormente, sabia, aun hoy lo sé,  a qué le temia , a donde no quería llegar; sabía cuál era la imagen que mi cabeza no quería recrear; es como si la anticipación ya hubiera velado mis ojos, con una cortina de lágrimas, me senté , seguía sonando la música de piano desde el reproductor, mi cámara volvió a quedar en el suelo, mi teléfono  en la mano, respire profundamente , tres veces, ya no me daba vergüenza frente a él, ya no quería parecer profesional, sabía dónde íbamos  a entrar, el abismo estaba frente a nosotros, me coloque  mi escafandra para poder zambullirme en ese amargo dulzor que habita en su mirada y sabia que no iba a poder contener los sollozos los próximos dos minutos.

Parpadee un par de veces, y sentí como mis ojos se iban llenando de lágrimas, lo aros concéntricos de su mirada ámbar, me conducían donde había temido, pero ya estamos  allí , me pregunte antes de abrir la puerta que tenía frente a mi (la conocía, sabía muy bien donde llevaba) si era eso lo que quería cuando empecé con esta serie de retratos; tal vez no esperaba que llegara tan rápido el momento de enfrentarme con ese recuerdo, lo había encerrado detrás de miles de puertas, de  una fortaleza amurallada; pero él había logrado lo que el terapeuta en 4 años no había podido; y estaba ahí con la mano en el pomo de la puerta a punto de darle vuelta;  cuando  sentí que se detuvo, ladeo la cabeza, hice lo mismo, la volvió para el otro lado, como si se tomara su tiempo para estudiarme, como si me pidiera permiso para entrar en esa zona, respire profundo, parpadee, cayeron más lágrimas, y pensé; para esto estamos aquí, hagámoslo de una vez; pareció entenderlo; le mostré el teléfono y puse el temporizador; volví a mirarlo profundamente y ya estaba ahí frente a esa puerta, podía escuchar el sonido de la respiración que se dificultaba, podía escuchar los murmullos, podía sentir la densidad del ambiente, oía el cadencioso ritmo de una oración; pero la puerta no se abría, estaba impacientándome, empecé a estirar y empujar y cuando cedió caí de bruces al suelo; la habitación parecía mil veces más amplia de lo que la recordaba, a lo lejos, se veía una cama, corrí con desesperación como para llegar a ella, un rayo de luz entraba por una ventana y solo iluminaba la cama, sentía una especie de culpa, por no poder llegar, me oprimía el pecho la desesperación, la sensación de que estaba a punto de perder algo, y cuando al fin llegue cerca de la cama, una mano callo de entre las sabanas, era pálida, podía verse el camino trazado por las venas superficiales, las múltiples manchas violáceas, el rosario sostenido como una pulsera; y una voz conocida sollozando; era mi madre; la oí de nuevo decirme >Se ha ido< , y el alivio momentáneo se volvió culpa, las lágrimas se hicieron sollozo, parpadee y la escena había cambiado la habitación era oscura, se olía humedad, aroma a medicamentos, a naftalina, y la luz tenue de un velador dibujaba el contorno de dos figuras sentadas una a lado de otra en el borde de una cama tomas de las manos, apoyados cien con cien, una de ellas levanto la mirada y me vio, el llanto se volvió incontrolable, corrí y me arrodille frente a ellos, apoye mi cabeza en su regazo escondiéndome para llorar, y ambos acariciaron mi cabello, sus manos denotaban el paso del tiempo, volví a revivirlo, la voz era como fue la primera vez mi abuela diciendo >Se ha ido< con la voz entre cortada y sosteniendo un sollozo; seguía llorando arrodillada frente a ellos con mi cabeza en su regazo, y el dolor se hizo presente, cuando la voz que siempre había sido fuerte , ecuánime, sabia de mi abuelo, se rompía y casi irreconocible me repetía, lo que en pasado me había dicho >Aun así, la gente sigue creyendo en Dios; si existe, es un Dios muy cruel, un padre no tendría que ver morir a sus hijos< aun ahora no sé cómo se responde a eso, volví a llorar mientras la mano de mi abuela acariciaba mi cabello, me faltaba el aire; sonó el temporizador, no sabía si era entonces o ahora; las lágrimas me hacían ver todo borroso, después de parpadear un par de veces pude volver a enfocar y vi casi un aire de lastima en su mirada, una lagrima se retenía en su lagrimal, esnife un par de veces los mocos que se me caía  por la nariz, trate de secarme las lágrimas con la manga de mi remera; volví a dar largas bocanadas de aire, mientras él seguía inmóvil en su lugar, por una fracción de segundo no quise volver a verlo, me daba vergüenza, haber dejado que saliera de esa forma tan visceral todo el dolor de dentro, pero un sonido sordo que no sabía de donde venía, me dijo que levantara la cabeza y lo mirara; volvimos a cruzar miradas, y sentí el abrazo que había necesitado en aquel momento, cálido, acogedor, un lugar amigable, conocido, con reminiscencias de infancia y certitud de sinceridad, poco a poco el ritmo de mi corazón y mi respiración se enlentecieron y cuando casi creía estar repuesta para levantar la cámara y seguir con aquello, su voz sonó inexpresiva y monótona, como antes diciendo >Yo también me suelo preguntar lo  mismo< y mi estupor dibujo , esta vez claramente una media sonrisa sarcástica en su cara.
Contuve un exabrupto, carraspee, me di cuenta al agacharme a buscar la cámara que me miraba, aun con un tono de lastima, que me exasperaba, seguía penando en esa canción, en la capacidad que tenía para hacerme navegar por mis sentimiento, de llevarme desde el más terrible dolor a un lugar agradable y cuando pensaba que me sentía cómoda, hacerme enojar de una manera cruel, como si disfrutara jugándome una broma pesada. Seguía sin poder mirarlo, acomode la luz nuevamente de espaldas a él, dije un par de palabras a las que respondió con un sonido de asentimiento, la músicas seguía sonando las notas de piano me repusieron por un segundo, me llevaron a un claro de luna conocido, donde sentí la florescencia del amor pueril de otros tiempos. Cuando me acomode en mi lugar y puse el temporizador después de decir >Empezamos< mire a través de la lente como tratando de esconderme de sus poderes sobre mí, y lo encontré con ambas huesudas, largas y texturadas manos en la cara, tapándosela, solo se veía parte del labio, hice un par de fotos hasta que me di cuenta que me había perdido de nuevo tras una idea en las líneas curvas del arco de Cupido, fantaseando con la pálida candidez de sus labios. Sentí como si me tomara fuertemente de  la muñeca, y me estirara dentro de una oscura habitación, cuando por fin me miro; el hedor, era ácido, la oscuridad, la suciedad, la desazón, el encierro la claustrofobia, me achicaban, me hacían sentir insignificante, escuchaba su voz narrar algo que no podía entender, pero lo estaba viendo pasar frente a mis ojos como una película, una luz de un foco de luz incandescente, oscilaba desde el techo, pendulante a su paso me dejaba ver solo algo de la escena,  cuando mis ojos se acostumbraron lo reconocí, con la cabeza gacha, atado con las manos en su espalda a una silla, podía ver como goteaba sangre en el piso, supuse que era de su cara; respiraba agitado, sin levantar la cabeza, como si tratara de guardar la poca energía que le sobraba para cuando fuera necesario, presentí que era contra lo que  luchaba, no de lo que huía, de repente un estallido que vino de algún lugar externo me sobresalto y mire en su dirección, un calor infernal , enrojeció mi rostro y las llamas se hicieron presentes, sentí como el humo entraba en mis pulmones, tocia,  mire hacia donde él estaba, quería ir a desatarlo para salir de aquel sitio que estaba envuelto en llamas; cuando mire asía él estaba tumbado en el suelo había roto de alguna forma la silla, y se revolcaba tratando de desatar los nudo. Supongo que grite, por que deje de oír su relato y sentí de nuevo la firmeza de su mano sosteniendo mi muñeca en el punto anterior a hacerme daño, solo veía llamas, una patada, una puerta que se abría, y aire puro, sentirme arrastrada mientras corría y un cuerpo envolviéndome antes que todo estallara a unos metros nuestros. Cuando sonó el temporizador del teléfono, paro su voz, entendí que hacia un par de minutos yo estaba en el suelo del estudio hecha un ovillo sosteniendo fuertemente la cámara protegiéndola con mi cuerpo; la vergüenza se hizo más evidente, cuando al abrir los ojos, vi sus converses y una mano extendida que se ofrecía ayudarme para levantarme.
No pude mirarlo, la vergüenza excedía cualquiera que hubiera asentido antes en mi vida, no quise ser grosera y no aceptar su ayuda, aunque adentro mío pensaba, todo es su culpa, la tome y la sensación fue inexplicable, como si los  poco más de 30 minutos que habíamos estado juntos se me pasaran enfrente en retrospectiva, muy rápido y la última imagen que quedara en mi cabeza fuera la pálida línea curva del arco de Cupido y una electricidad recorriera todo mi cuerpo terminado por convertirse en chispa entre nuestras manos.

Una vez de pie, me aleje casi como asustada, el hizo lo mismo, miro su mano con incredulidad y se la refregó por la ropa, camine hacia la habitación continua y cambie de nuevo la tarjeta de memoria, esta vez no me siguió, parecía como si el también estuviera algo perturbado, me dije, es solo estática, me suele pasar a menudo, nada que no pueda explicar la ciencia, volvió a hacerse presente la necesidad de los tranquilizantes, pero algo me distrajo, la música había cambiado, algo más actual, era una especia de fusión entre reggae, hip hop, pop , nada que yo  hubiera elegido; Lou Reed volvió a susurrarme “mostly you just maje me mad” , ahora la sonrisa sarcástica estaba en mi cara, era como si lo hubiera resumido en una canción, si no conocen The Velvet Underground , gooogleenlo es más que necesario, la sola idea me cambio el humor, sabía que tendría que enfrentarlo y verlo por dos minutos fijamente pensando en el momento más feliz de mi vida, con los sujetos uno y dos, había puesto mi mente en blanco, tanto al pensar en el peor como al pensar en el mejor recuerdo que había tenido; en parte  porque sabía a cuál no quería enfrentarme y  porque en realidad no sabía si tenía uno buen recuerdo, nunca había sido una persona muy feliz, sentía que el pesimismo, el existencialismo no me lo permitía. Me dije a mi misma, venga vamos, si sobrevivimos a lo peor, seguro algo encontraremos en lo mejor.
Cuando volví al estudio estaba sentado en su butaca, mirando sus pies, tamborileando los dedos sobre sus muslos, mientras uno de sus pies marcaba incesantemente como un metrónomo el 4 x 4  > Empezamos< dije algo más animada de lo que esperaba, y sentí como mis mejillas se ruborizaban; pero fueron solo por unos segundos, porque percibí de nuevo ese gesto parecido a una sonrisa que se aventuraba en su cara y la guerrera combativa que habita en mí,  no lo quería dejar ganar.
Deje la cámara en el suelo por tercera vez, puse el temporizador, respire profundo y volví a encontrarme con el amargo dulzor de su mirada; de repente todo desapareció, se olía el aroma embriagador del pan recién horneado, todo parecía ocurrir con una lentitud dominical, soporoso y embriagadoramente hermoso, el sol entraba cálido, dorado y tibio por una ventana, la cocina primero me sorprendió por su escala, pero luego comprendí que era yo lo pequeña, y supe dónde estaba, escuche la vibrante y aguda voz de mi tía hablándome, corrí camino al patio y al final de la pérgola en una conversación acogedoramente intima , estaban mis abuelos, hacia tanto que no los veía así, que no veía el amor que se profesaban compartiendo una mirada, que sentía ganas de llorar, las lágrimas cayeron por mis mejillas, pocas veces en mi vida había llorado de alegría, esa era una de ellas, se habían ido hace tantos años, que verlos ahí tan nítidamente me sobrecogió,  un idea fugaz paso por mi mente, había sido una nieta muy querida, por ambos lados, habían compartido conmigo sus alegrías y tristezas tanto los padres de mi madre en ese momento, como los de mi padre, en mis dolores; voces de muchos niños que  bajaban de una especia de casa sobre un árbol de pomelo, me volvieron en mí, eran mis  primos,  se peleaban entre ellos por dejarme jugar, uno decía que si el otro que no que yo era una niña, que eso eran juegos de niños, pero mi primo favorito siempre ganaba, el me protegía, él siempre había estado ahí para mí, era mi héroe , todo lo que con los años nunca pude encontrar en un hombre,  amable, cariñoso, tierno, sincero, pero sobre todo él nunca había hecho diferencias, yo era su compañera de juegos, no importara que fuera una niña; la cima del árbol parecía como si hubiera escalado el más alto de todos los picos del mundo, era la única niña por ahí, entre tantos niños y yo también lo había logrado, fantaseamos, inventamos cuentos, historias, “nunca jamás” se materializaba frente a nuestros ojos de niños, y esa casa siempre guardaba ese recuerdo, esa enorme felicidad de ser aceptada y amada, del amor fraternal y puro, de la infancia  donde la simpleza de la vida florecía en miles  de nuevas experiencias, donde las preocupaciones no existían, y el aroma de la comida de mi tía nos llamaba desde la cocina a la hora de la merienda, para deleitarnos en el abrazo maternal, de un dulce hecho en casa untado sobre el pan recién horneado.
El temporizador sonó y fue la primera vez en un poco más de media hora que no esperaba que lo hiciera, vi que hizo crujir su cuello y dejo la cabeza ladea felinamente, estaba estudiando cual sería mi próximo movimiento, yo había clavado lo ojos en alguna parte de la pared del fondo, y era como si el despertador hubiese sonado por error un domingo de mañana, y quisiera seguir remoloneando en la cama, había sido una verdadera sorpresa recuperar tan vívidamente aquel preciado recuerdo, pero aun fue más sorprendente lo que siguió >Mmmm, eso me dio hambre< dijo con voz algo más animada que la monótona que había usado desde el saludo y una sonrisa impropiamente infantil se dibujó en su cara, creo que se contuvo una carcajada cuando vio mi gesticulación de incredulidad hacia lo que estaba diciendo.
>Te parece si seguimos< me dijo con una mirada que no había visto antes de su parte, casi como si fuera otra la persona que tenía enfrente, cándido y algo juguetón , centelleaba en sus ojos marrones una luz que no había visto hasta ese momento. Hasta ahora siento al recordarlo mis mejillas rubicundas, y su mirada baja escondiéndose tras su flequillo un tanto cohibido cuando se dio cuenta. >Si < >genial< dije tratando de cambiar el color de mi cara pensando en otra cosa, volví a arreglar la luz, aunque no hacía falta, camine devuelta a mi lugar, tome la cámara de donde la había dejado, le mostré el teléfono y dije >Empezamos<   lo vi ya detrás de la lente asentir casi como un niño, mientras empezaba a contarme con ese monótono tono al que ya me había acostumbrado, y una sonrisa boba se apodero de mí.
Por un par de minutos volvió a cubrirse el rostro con las manos, esas manos que había admirado desde el momento que las vi salir de sus bolsillos; cuando las retiró  de su rostro empezó a mover los dedos en el aire como si tocara el piano; pensé que escuchaba las digitaciones básicas de un niño que inicia su aprendizaje, parpadee, cerré unos instantes los ojos, olía a primavera, se sentía una tenue brisa escabullirse, abrí mis ojos para ver donde estaba y la habitación era prístinamente blanca, como un sueño, salido de algún video musical, los ventanales dejaban pasar los rayos del sol, todo era hermosamente blanco, pacifico, en medio de la habitación había un pequeño sentado frente a un hermoso piano de cola, practicaba, podía verse en su rostro la felicidad cuando sus dedos tocaban las notas perfectamente, aunque pequeños pude ver, como se esforzaba por hacerlo perfectamente bien,  la música fue mejorando, paso de simple a compleja en segundos, mientras el niño pasada a ser preadolescente, adolescente, adulto, pude notar como la luz del día pasaba por la ventana, seguido por la luz de la luna, pude escuchar la lluvia, el viento, las estaciones pasar, y el que fue niño y ahora era adulto seguía ahí, en una especia de trance, con una serenidad impasible, como si sus manos sobre las teclas del piano fueran mantras, y esa fuera su mejor meditación , pude sentir como los acordes lo envolvían como su espíritu brillaba y fluía con ellos, como  todo a su alrededor parecía simple, aunque sus manos se movieran con una complejidad envidiable; pase de reconocer alguna que otra pieza, a pensar que jamás había escuchado otros, y entendí, que  ese era su recuerdo más feliz, un lugar donde se escondía, un piano en un íntimo rincón de su mente, donde se sentaba solo a tocar y componer; y no pude más que sentirme muy alagada por estar ahí parada como un voyerista observando la gloria de la creación, el fraterno encuentro del músico y su instrumento; ese sitio aislado del mundo, de las preocupaciones, de la vida cotidiana, donde el artista es el mismo  y yo podía  fotografiarlo.
Baje la cámara y la que lo miraba ahora tratando de entender todo aquello era yo; tenía los ojos idos, como si sobre mi cabeza hubiera algo que yo no pudiera  ver.
>Gracias< dije sinceramente, era muy prosaico pero no había otra palabra para sintetizar aquello, hasta ahora no lo comprendo del todo; sacudió la cabeza, se pasó la mano por las cara y dijo > Deja de leer a Murakami, te pareces a mi mejor amigo, solo hay estupideces existencialistas en tu cabeza<
Bufe ofuscada, y volvió a sonar la canción que había dado vuelta en mi cabeza hacia una hora, le di la espalda, cambie mi sonrisa de embelesada, por un seño arisco y una semblante belicoso, había olvidado el lugar donde me había llevado unos minutos atrás solo podía pensar en cómo me volvía loca, camine sin mirarlo, pero sabía que me estaba observando con esa mueca que aunque nunca había visto de frente, la sentía dibujarse en su cara cada vez que lograba enervarme. Cambie la música del Spotify, era necesario para mi escuchar “Pale Blues Eyes “
>Así que te hago enojar< me dijo  >Eso es agradable, prefiero eso < me quede petrificada sin saber qué hacer, no sabía cómo pero parecía que leía mis pensamientos, por una fracción de segundos volvió aquel rollo existencial a mi cabeza, y yo que me pensaba una persona complicada, estaba ahí frente a alguien que me había descifrado en menos de una hora, tan simple era?, tan superficial era todo lo que yo pensé profundo?, cual idiota me sentía en su presencia, era eso lo que me hacía enojar, no tanto él , ni su petulancia, eran los pensamientos a los que se dirigía mi cabeza en su presencia, me sentía desprotegida, como si mi muralla se hubiera derrumbado, como si estuviera por primera vez desnuda frente a él, con absoluta pérdida del control que era una necesidad imperiosa en mí; el control; controlar mis pensamientos que se escapaban a donde se les antojaba y no me dejaban concentrarme; control sobre mis emociones, que pendulaban entre la euforia la felicidad, la desazón y el hastió.
>Muero de hambre, te invitaría a comer, pero me han advertido que jamás aceptarías, y no me gusta quedar como un idiota enfrente a una chica< por fin vi la mueca sarcástica en su rostro, disfrutando mi cara de asco y la ambigüedad de su frase jugando con mis pensamientos.
>Supongo que esperas que un intelectual snob que escucha jazz y lee las sandeces filosóficas que te gusta, venga a llenar tu vacío existencia; pues déjame que te de un consejo, al diablo la intelectualidad, deja de pensar tanto, se te pasa la vida, vívela; SI, es una mierda, lo he visto, lo has visto tú también; pero ya, déjalo ir, “Somos imperfectos en un mundo imperfecto”  no le des tantas vueltas, deja ya de tanta retorica silente en tu cabeza, cuando estés lista dentro de unos meses, luego que termines de escavar en tus dolores y autoflagelarte, vas a ver estas imágenes las de hoy y vas a llamarme;…. Lo sé, lo harás<
Seguía estupefacta, con la cámara en la mano y mirándolo atónita, no sabía si realmente lo estaba diciendo, si me lo estaba imaginando, si todo aquello había sido real, si solo era una estúpida broma de mi cabeza; lo vi levantarse, yo seguía estuporosa, esas palabras se hacían eco en mi cabeza “autoflagelarme” “intelectual  snob” “jazz”, como coños él sabía que me gusta el jazz; lo seguí sin pensar mucho hasta la puerta, ya tenía la capucha echada sobre la cabeza, las manos en los bolsillos y miraba el piso;  por un según volvió todo a ser extrañamente más frio que antes, su gélida presencia volvió a hacerse notar, como si esos últimos 15 minutos y esa perorata casi impropia que me había espetado unos minutos atrás solo hubiera sido un error, o un desliz; mis miedos volvieron a caminar  sobre  mi piel poniéndome la piel de gallina; se paró justo frente a la puerta del ascensor de espaldas a mí, yo seguía viéndolo irse sin entender lo que había pasado, se abrió el ascensor , seguía como una estatua en la puerta mirando hacia donde él estaba, y cuando la puerta se cerraba para bajar dijo >Nos vemos<

Había pasado casi un mes, desde aquel  >Nos vemos<   la perorata que me había escupido; y la fluctuación tan irregular de mis sentimientos, desde aquello que había parecido a mi entender una alucinación, mi mente todavía trataba de procesarlo de encontrar una lógica a lo que no la tenía; y quién sabe si alguna vez la encontrare, pero entre sesiones, cuando miraba las fotos de los demás sujetos y las catalogaba, las estrujaba y las criticaba severamente, no podía dejar de pensar en él , en la profunda amargura dulce de sus ojos color caramelo , en sus palabras, >Snob  intelectual, que le guste el jazz y llene tu vacía existencia< , seria eso lo que realmente quería, sabía que después de mis últimas relaciones lo último que necesitaba era alguien más, que reconstruirse era necesario para acoplar a alguien a mi vida  de nuevo, no encontraría la plenitud en otro y si, no lo negaba había fantaseado varias veces con esa clase de hombres.
Recuerdo haber estado sentada mirando una pared blanca de mi escritorio donde jamás había decidido que colgar, un poco por falta de interés, mucho por falta de decisión, pero estaba ahí al igual que las palabras que él me había dicho, increpando mi procastinación, esta quiescencia de la que solo aquel nuevo proyecto me había sacado, y a la cual muchas veces quería volver,; porque allí aunque el aire me faltaba; controlaba todo, y eso me daba seguridad. Esa pared blanca empezó a hablarme, empecé a redefinir en mi menoría los rasgos de su rostro, que no había vuelto a ver, ni siguiera sus retratos, empecé a vislumbrar el arco de su labio superior , la curvatura grácil de su media sonrisa, la forma hermosamente gatuna de sus ojos rasgados, la languidez de sus extremidades, y esas mano, con las que había soñado más de una vez, deslizándose sobre las teclas blancas y negras de un piano; no quería pensar en él , pero lo hacía; me negaba a sucumbir, a su halo de misterio, a su melancolía que me sonaba a Nocturno de Choppin y su irreverencia punk que me recordaba a The Velvet Underground; a su sinceridad y mi inexplicable transparencia enfrente a él; me negaba pero al mismo tiempo no podía apartarlo de mis pensamiento;  asumí después de verlo montado en mi pared blanca como un cuadro, mientras meditaba , que debía por fin ver las fotos que habíamos hecho, que tenía que vencer esa espasticidad que no me dejaba moverme y aun si perdiera de nuevo el control ; era necesario volver a ponerme frente a él, volver a verme a través de él , como si un espejo me hablara y todo lo que estaba dentro mío por fin pudiera salir; sube en ese momento que era necesario, que eso era lo que buscaba cuando empecé con las fotos, ni uno de los demás sujetos había logrado calar tan profundamente en mi como él, nadie me había llevado a pasear  por  sus emociones como por las mías, y pensándolo bien nadie antes había logrado quedarse por tanto tiempo en mi cabeza repitiéndome una y otra vez que dejara el existencialismo de lado y me dedicara  a vivir, esta mierda de vida, porque no nos quedaba de otra.

Me despabile agitando mi cabeza y refregándome la cara, di vueltas mi silla giratoria hacia la pantalla del ordenador, busque la carpeta con la fecha y dentro de ella lo encontré “Sujeto numero3 “, respire profundamente tres veces antes de exportar las fotos al editor digital y cuando la primera apareció en la pantalla el deja vu se hizo presente acompañado de ese escalofrió inherente  a su gélida presencia; esa que solo me devolvió la calidez cual primavera  que derrite la nieve del invierno, al rememorar esos momentos, al hacerme sentir, y al hacerlo recordarme que seguía viva ;  llegue a las fotografías que habíamos hecho en los últimos 15 minutos, y las dudas se disiparon , tenía el retrato que había buscado, ese con el que cualquier artista fantasea , ese que Oscar Wilde  tan trágicamente supo describir, la obra y  la musa  conjugadas en un espacio tiempo, compartiendo su esencia, el alma capturada  por  mi lente, y en ese momento mi corazón adormecido por el pasado y los tranquilizantes, empezó  a dar señales de seguir aún activo; una lagrima de alegría se asomó a mi rostro  e instintivamente busque el teléfono para mandarle un mensaje.

Otro mes más , los mensajes habían sido escuetos, ambos estábamos muy ocupados, me habían dado la oportunidad de presentar las fotografías del proyecto en la galería de un amigo y no pensé mucho, quería trabajar para poner mi mente en blanco; esa noche en particular no había pensado para nada en él;  los nervios me estaban consumiendo por dentro, mi copa de vino en la mano mientras hablaba con cada uno que se acercaba para preguntarme sobre el proceso se vaciaba y se llenaba; ya tenía un discurso pseudo cool estudiado para decirle a los desconocidos, a mis amigos no les podía mentir, me salvaban tomando relevos de las personas , en un momento uno de ellos me llevo a fuera con la excusa de fumar;  casi le dije pero si yo no fumo, cuando su gesto con los ojos, me lo hizo entender; al salir todo me daba vueltas, me prohibieron el vino, otra amiga llego para llevarme al baño, me hicieron un café que tome sin querer porque detesto el café, me dieron a la  fuerza algo de comer, me lavaron la cara y volvieron a maquillarme, yo estaba ida, no quería más ver a nadie, pero sabía que era necesario, antes de salir de la trastienda de la galería le suplique a una amiga para que se quedara ahí conmigo, pero entre todos me arrastraron de nuevo al salón, diciéndome que faltaba poco para cerrar y que después podía estar sola el tiempo que quisiera, volví a poner la estúpida sonrisa social que tenía interiorizada después de tomarme un necesario tranquilizante , por gracia y obra de la providencia en la que no creo, la gente se disipo luego que los músicos dejaron de tocar, y mi amigo, el dueño de la galería cerro el lugar, el resto de mis amigos fueron a la trastienda donde había un patio en el solíamos reunirnos y siguieron divirtiéndose;  no insistieron para que los acompañase, atenuaron todas las luces y me dejaron ahí sentada frente a las 7 fotos suyas que estaban montadas en la pared principal; de todo el lote eran las únicas que no se habían vendido; porque las había marcado como vendidas desde el comienzo;  no me podía desprender de ella. Las había montado con  palabras plotteadas en la pared alado de cada imagen casi no se notaban porque era blanco sobre blanco; empecé a repasar sus imágenes de izquierda a derecha la primera eran sus manos, sabía que sobre el marco a la derecha casi imperceptible se podía leer “Piano”; en un tamaño un poco mayor ligeramente superior se veían sus ojos tras el flequillo , una leve sonrisa se dibujó en mi cara, al costado derecho  inferior  decía “Azúcar amargo”, a continuación estaba una de las tres fotos grandes suyas que reinaban sobre la pared, la expresión era absolutamente vacía, había escuchado a la gente reaccionar de mil maneras frente a esa fotografía , la que más concordaba con mi impresión había sido >Seguro es un excelente jugador de Póker< , pocos se habían dado cuenta que en el costado inferior izquierdo se podía leer una Frase del Drácula  de Bram Stoker “Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae.”; del mismo porte había otro retrato, uno duro, casi estoico, se veía el dolor pero también se veía rabia y fuerza, unas ganas de explotar y salir; hice un gesto negando con la cabeza y sonriendo, en el borde superior derecho había escrito “MOLOTOV”, me parecía absolutamente inestable como una bomba cacera ; la foto que le seguía era otro de sus retratos , pero no lo quería ver aun, quería quedarme más tiempo en él , así que gire más mi cabeza a la izquierda donde había una fotografía de la curva superior de su labio, se podía leer por las sombras de que decía en el costado inferior izquierdo “DICOTOMIA”, por ultimo una de las fotos más pequeñas que nadie había entendía por qué incluí, era una foto movida donde se veían solo sus pies, no me importo mucho que me dijeran que no la pusiera que arruinaba todo el conjunto porque para mí era importante , mucho más pequeño que los otros en la parte lateral izquierda decía “4x4”, recorrí de nuevo con la vista cada una de las imágenes caminando de un lado a otro frente a ellas, respire profundo  acerque  una butaca que se encontraba a unos metros y  a continuación me senté frente al último de los tres retratos grande, en el que al cerrar los ojos lo veía sentado frente al piano, transformándose de niño en adulto mientras todo pasaba a su alrededor y él seguía sereno; apoye ambas manos en mi cara, quería llorar , era un lugar así el que yo necesitaba para escapar de los dos retratos anteriores, y cuando el sollozo empezaba a hacerse estrepitoso, sentí una mano sobre mi hombro, una conocida, firme y tranquila; era él; seguí llorando el solo dijo > Una vez leí una frase que decía algo así “quizás tu que estuviste ahí, seas el único que puede entender, que después de tanto caos, cuesta acostumbrarse a la paz.”.<

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