miércoles, 24 de julio de 2019

4 am.

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Es el tercer día consecutivo; y el cansancio que arrastro en el resto de la jornada es irreversible ; pierdo la concentración con facilidad, mi cabeza sigue inmersa en esa hora; en su significado; en la voz tan clara, que escuche diciéndome son las 4 a.m.; como si por alguna razón; alguien necesitara allí mi presencia; que la vigilia se haga presente a esa hora.
Son las 4 a.m. repito en mi cabeza; no sé cuál es su real significado; solo siendo la innegable necesidad de sentarme frente a la pantalla del ordenador y escribir; escribir al viento; a la nada; al ciberespacio, palabras que nadie va a leer; que tal vez nadie entienda; pero la necesidad de escribir es irrefutable.
Las 4 a.m. me tienta; me susurra; me dicta poesías; quiere que convierta más personas en personajes; quiere que navegue; que encuentre inspiración en el mundano; que me llene de libros; de más poesía,; de pinturas; de arte; de fotografía.
 Las 4 a.m. rige mi vigilia; hipnotiza con el cansancio,;con el sonido de un piano ,que a lo lejos me susurra su verdad; con mi ritmo profano, nada ilustrado; que camina con su brutalidad por la página; regando estelas de incertidumbre,;tratando de entender el porqué de esa hora.

Son las 4 a.m., me repito; me despierto; miro mi reloj ,y termino acostada, boca arriba; con el techo y mi gato de testigos; tratando de que el sueño vuelva; sabiendo que el despertado ,volverá a sonar en un poco menos de dos hora; aun así la pregunta ronda; trama;  susurra palabras que no comprendo; me dicta más cosas que no sé por qué quieren decir; ahonda en mi  dolor, en mi falta de autoestima; sigue tratando que me exponga; que publique; que no me rinda.

Son las 4 a.m., la noche es fría; camino al baño; me refriego la cara; me veo en el espejo, alumbrada por la luz de la luna que me guía, Ipa maúlla, quiere agua y comida; camino como zombi tras de él; bajo las escaleras , tanteo en  el oscuro, hasta encontrar lo que su insistencia sugiere; vuelvo del mismo modo a la cama; la sentencia sigue repitiéndose en mi cabeza; como si el mantra tratara de iluminar algo; “Son las 4 de la madrugada” ;sigo sin entender; si soy yo; si es el universo; si alguien en algún lugar, trata de revocar mi camino; si es la angustia que Chopin genera cuando suena “the pain room”; o la  verdad que se acuna en mi corazón,; las ganas de huir; de empezar de cero; de hacer de mi vida cualquier cosa, que no sea la que es; de dejarlos a ellos con sus expectativas, que no son las mías; de dejar la frustración; el dolor; pero sobre todo de dejar esta monotonía; que me quita vida; que me roba el aire, y como un espectro me mantiene al limite cada día.

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