No hay nada más maravilloso que el pánico hermoso, mezcla de expectativa, libertad e incertidumbre que te brinda una
hoja en blanco. Sonrió e instantáneamente paso mi dedo índice por el callo que
tengo en el dedo medio de mi mano derecha, que no desaparece, y eso es un
recordatorio glorioso del pasado analógico que me puso en este camino, de tanto
derroche de desvalorado sentimiento derramados en tinta a mano sobre infinidad
de hojas, tachadas, remendadas, re escritas y el callo dolorido recordándome la
belleza misma de la creación.
Vi algo estos días en internet, nada que venga al caso,
aunque realmente si, a alguien le preguntaron por qué estaba agradecido y entre
otras cosas alguien dijo que agradecía por poder hacer unas de las cosas que más amaba en
la vida que es "escribir", y yo sonreí , conozco en profundidad la locura de
poder decir eso y sentirlo en las entrañas, el
ponerte frente a la pantalla con el documento en blanco y suspirar
mientras tus manos recorren vertiginosamente el teclado, a veces tras una idea difícil
de descifras, otras tras las desopilantes palabras de algún personaje y sobre
todo en el más excelso de todos esos momentos, cuando la creación se comprime,
se intensifica, toma colores y sabores del universos y sintetizados, en un
perfecto extracto nace la poesía, gloria literaria del amor y la vida, simpleza
hecha metáfora, pasión desenfrenada rimando en versos, simetría asimétrica que
detiene el tiempo, la redacción generando la expectativa que solo será saciada
en ese beso, en esos ojos, en ese abrazo, y la verdad que nadie más entiende,
en la sinrazón de las letras a temporales pero des temporales, en el poema que encierra
el auténtico significado del romanticismo, en el claro de luna en que nos
encontramos en los sueños, y la prole interminable de palabras que generaron.
Simplemente brilla desde dentro con solo pensar, y es el
agradecimiento infinito que le tengo a este simple acto, mecánico en principio,
liberador en su dogma, creativo por compromiso, la perfecta pareja que desde
hace mucho mantenemos, las letras y yo; la gigantesca acción de gracias al
verbo “escribir” y a la “palabra” leída.
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