No existen cielos ni infiernos
el calvario vivido
las vidas perdidas por intereses sectarios
las vidas robadas para satisfacer solo unos cuantos
el grito ensordecido y castigado de un pueblo
que quería simplemente libertad
no hay perdones, solo indignación
y la trágica sensación
del anonimato de sus victimas
y su nefasta inmortalidad en la triste
dolorosa y reciente historia
de una Sudamérica
explotada por propios y extraños
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