viernes, 24 de febrero de 2012

Invitacion


Que decís  si en medio de esta vorágine en la que nunca quisimos caer pero no tuvimos mas alternativa, respiramos profundo y cerrando los ojos nos encontramos en ese indómito sitio que con algunos pocos compartimos.

Me levanto del suelo en franca levitación hacia  las distantes costas en que solemos sentarnos juntos a escuchar el mar romper contra las “cantabricas piedras”, siento en la brisa el olor a sal, el sabor a nostalgia, la simple certeza de un instante infinito.
 Escucho la voz de Neftali, la prosa irreverente de Cortazar me muestra como llegar hasta allí, Alfonsina sonríe desde el horizonte mandando mensajes desde el fondo del mar, Mario se equilibra entre nubes de tormenta recordándome que en la vida siempre somos mucho mas que dos, uno malhumorado filosofo alemán debate con los griegos sobre los puntos de Sastre, el gran maestro esta sentado a los pies de un Ent que Tolkin dejo olvidado en el frenesí del intercambio de ideas que tuvo con un tal Lucas; Poe como siempre empuña una copa de brandi y desde el lado oscuro de la  luna le recuerda a Stephen quien es el único. 
Sigo los acordes, blancas y negras sonando al son de las manos de Federico, Ludovico un poco sordo refunfuña en un rincón, Mozart burlándose de todos hace chistes con Lennon, gentil como es su costumbre Jorge escucha guaranias, polcas, flamencos, blueses, milongas de las manos de tantas guitarras; se que estas cerca ellos me dijeron que soles negarte a tocar el piano por vergüenza, que te insisten y siempre terminas simplemente escuchándolos, moviendo a su son los dedos, marcando el ritmo con la cabeza.
Y por fin después del último suspiro convertido en alas de hada te encontré hablando con Ernesto de los seudo movimientos de izquierda que pululan usándolo de bandera últimamente en nuestra América.

Sonrio, pronunciaste las letras con las que me nombras, corriste a darme el abrazo que hace tanto me debes y como souvenir del viaje me mostraste una estrella y el mapa que te había dejado un Ingles medio Raro para llegar a Neverland.

Pero como siempre sucede en  el mejor de los momentos, de la nada y estruendorosa una mano gigantesca salida del cielo me saco de tu lado y me devolvió a esta pavorosa realidad de la que últimamente muy a menudo quiero huir.

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