Hace mucho que no me siento, que me privo del privilegio
poco lucrativo al parecer pero extrañamente reconfortante que tiene pasear mis
dedos al melancólico ritmo del claro de luna, a la hermosa languidez de Chopin
al piano y sus bemoles, el me robo
muchas cosas pero la más importante fue el placer, la libertad, mi guarida, me
robo el refugio custodiado y pese a mis insistencias, a mi sobre dosis de
desconfianza le entregue sin mi consentimiento lo más valioso que tengo, “una
duda razonable” y con ella baje la guardia, pensé que se lo debía, el mirar al
costado y hacer que no había pasado nada, porque detrás de tantas murallas, de
tanto impotencia por no ser lo que mis expectativas pretende de mí, o peor aún
temerle tanto al fracaso que jamás intentarlo; el paso por el umbral con vivió
con los fantasmas, resucito algunos y creo otros, en el proceso sentí euforia ,
felicidad momentánea, puedo admitirlo, llegue a sentir amor, pero no estaba a la
altura, ni yo de poder seguir viendo a un costado como si nada, ni el de ser lo
que yo querías; una vez leí que la gente muchas veces quiere lo que no necesita
y necesita lo que no quiere , o me lo dijo alguien ya no lo recuerdo , pero lo
que si recuerdo el vacío, la infinita
nada que ni la felicidad a corto plazo, ni la euforia saldaban, el alejarme de
mis ritos porque mis palabras no
mienten, ni esconden, no omiten solo son ; el vacío que la incomprensión, la sintonías
diferentes , la visión del futuro escrita en presente con actos del pasado, y
la verdad que es sentencia.
El piano suena de fondo, el viento sopla del sur, la luz se
escabulle por mi ventana, el claro de luna palpita en mi corazón y yo reagrupo uno
a uno los ladrillos intentando volverlo fortificación restaurada, e intento volver al lugar al único
donde siempre soy feliz, a las letras que jamás me niegan y a las que aun ultrajando
y blasfemando, no importa que, ni como jamás decepciono, ese acantilado frente
al mar tempestuoso, el gélido susurro del mar salado y poderoso cuando los pies
cuelgan hacia el abismo, una frase de Nietzsche , un poema de Poe ; la palabras
concatenadas en este juego supuestamente al azar.
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