lunes, 18 de noviembre de 2019

explotar en tecnicolor


He vuelto al gris monótono de todos mis días, como si la película lenta y agobiante volviera a rodar, con su trama acongojada y miserable, parsimoniosa, esquemática y lúgubre, como gotas de lágrimas postreras que divagan por la mejilla antes de sucumbir en la comisura de un labio cuarteado y doliente.
Mis manos me regalan un descanso, mis ojos siente el cansancio de la mitad del día arrastrando mi anterior semana de ausencia, la melodía retumba dulce y enérgica desde los altavoces tratando que mi humor no decaiga, que la trampa de lo apremiante, no termine por rematar, al moribundo pájaro azul que habita en mi cabeza.
Su voz es un regalo, un pequeño lujo que me permito aunque no deba, una ilusión casi infantil, que pretende mitigar el hastío, la musa que siempre es bienvenida, un amigo tácito compartiendo  mis secretos a la distancia, un nosotros que no existe, esta conversación unidireccional que enternece mis letras.
He vuelta a la silla, al escritorio, al monitor luminoso en una sala a oscuras, a las canciones aislándome de mi entorno y los problemas rondando mi mañana, a estas letras que se escapan presurosas en un recreo y el peso que de apoco vuelve a someter a mis rodillas, a tratar que claudique y me arrodille, para que al fin pierda toda batalla posible, y sucumba a lo que se espera de mi aunque mi alma quiera explotar en tecnicolor .

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