viernes, 2 de agosto de 2019

Spleen


Baudelaire me tienta desde la profundo de una copa de vino
De la botella que me llama a sumergirme en mis miserias
A vomitar palabras acusadas de fealdad y convertirlas en belleza.
A explorar la estética de existir,
A preguntar dónde ya no quedaban respuestas
A estar donde debo estar, pero por las razones incorrectas.
Juega con las ideas, desde las hojas de un libro,
Se sumerge en la modernidad de contradecir lo que he dicho,
Es verdugo del puritanismo que perdí al leer su poesía,
Es maestro de unas manos, en las que el tedio y la angustia siempre fueron amigas.
El todo, y la nada, que reacciones nos generan?
Que burgués concepción de lo mundano, que superlativa la indigencia.
Putrefacto, fétido, en alienado, sometido por los vicios y los pecados,
 Incorrectamente perfecto, imperfectamente humano,
Poeta, filosofo, vago, impropio consejero, que me tira una buena mano y juega a las cartas.
Una moneda falsa, un Zahir marcado, la tremenda pesadez del “ser
Y la prescindencia del tiempo, lugar, ni hoy, ni pasado
Un futuro que invita a la muerte, unas letras ahogadas de vaho,
Tu intuición de poeta maldito, mi noción de estudiante olvidado,
Unas teclas volviendo a un ritmo, que la norma no avala, aun en este siglo
Hedonista, efímero, cruel, desasosegado, cambiante, narrador  del presente,
De un pasado finito e incompleto; secular enemistado con la metafísica
poeta maldito amante cruel de la prosa que rima , testigo inequivoco de mi alma enjaulada
tranhumante mundano de un submundo olvidado , las letras que siempre refiero
cuando me respirar es conciente y las palabras suenan a falso.

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