miércoles, 31 de julio de 2019

Persefone


La noche era fría, la ciudad se veía desprotegida; desprovista de caminantes; la humedad reinaba; la tenue llovizna regaba las calles; ella seguía manteniendo la mirada baja, perseguía sus propios pasos, la música que salía de sus auriculares la mantenía aislada, de una realidad apremiante  a la que no quería volver. Las manos en los bolsillos de la campera; la nariz helada; el cabello alborotado; los pensamientos guiando la conversación, estruendosamente silente de la cabeza y el corazón. El invierno susurraba sus verdades traídas desde el sur; desde el lugar que la llamaba; que la esperaba; desde el cálido refugio que hace mucho; en un tiempo y espacio que no se pueden precisar; le prometieron. Sintió los pasos apurar su ritmo; como si la persecución hubiera empezado; como si ella no fuera la protagonista; el escalofrío recorriendo su cuerpo cada vez más imbuido por la lluvia; la respiración agitada; el temor caminado por la piel; el Minotauro aún al acecho, y las calles hechas laberinto; bajo la luna llena, que se negaba a salir detrás de una nube. La presa muchas veces se deja vencer por el cansancio producido por el acecho. La víctima aprieta el puño; contiene  las lágrimas; retiene el sollozo, y espera lo inevitable. Es su garra oprimiendo el  pecho; recordándole cuál es su lugar; devolviéndola a las profundidades; a la laguna quiescente, doliente, y repetitiva; que su enamorado le supo regalar. Quien le dio permiso  a las tinieblas de nombrarla  Perséfone ?, quien la convirtió en su amante?, quien la llenó de obsequios que  no quiso recibir?. Los pasos se enlentecen; la luna por fin ilumina su gélida contienda; el embotamiento busca un respiro; una página vacía; un descanso; las llaves del auto tintinean; es el amuleto que le regalaron; por un segundo levanta la mirada; mira a su alrededor, y no ve nada; aun así lo presiente; lo sabe; calla; desbloquea las puertas; enciende el motor; pone la calefacción; calienta sus manos respirando a través de ellas; tantea entre sus cosas para encontrar el teléfono; el GPS marca sus destino final de esas noche; mientras la música alegre suena en la radio; práctica la sonrisa falsamente necesaria que tendrá que dar al llegar; las realidades pierden sus fronteras y la respiración consciente vuelve a mermar. Las calles desiertas, las metáforas cancinas y una estrella a lo lejos queriendo consolarla.

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