martes, 13 de agosto de 2019

Retrato Psicológico(11)


Baje la cámara y la que lo miraba ahora tratando de entender todo aquello era yo; tenía los ojos idos, como si sobre mi cabeza hubiera algo que yo no podía ver.
>Gracias< dije sinceramente, era muy prosaico pero no había otra palabra para sintetizar aquello, hasta ahora no lo comprendo del todo; sacudió la cabeza, se pasó la mano por las cara y dijo > Deja de leer a Murakami, te pareces a mi mejor amigo, solo hay estupideces existencialistas en tu cabeza<
Bufe ofuscada, y volvió a sonar la canción que había dado vuelta en mi cabeza hacia una hora, le di la espalda, cambie mi sonrisa de embelesada, por un seño arisco y una semblante belicoso, había olvidado el lugar donde me había llevado unos minutos atrás solo podía pensar en cómo me hacía enojar, camine si mirarlo, pero sabía que me estaba observando con esa mueca que aunque nunca había visto de frente, la sentía dibujarse en su cara cada vez que lograba enervarme. Cambie la música del Spotify, era necesario para mi escuchar “Pale Blues Eyes “
>Así que te hago enojar< me dijo  >Eso es agradable, prefiero eso < me quede petrificada sin saber qué hacer, no sabía como pero parecía que leía mis pensamientos, por una fracción de segundos volvió aquel rollo existencial a mi cabeza, y yo que me pensaba una persona complicada, estaba ahí frente a alguien que me había descifrado en menos de una hora, tan simple era, tan superficial era todo lo que yo pensé profundo, cual idiota me sentía en su presencia, era eso lo que me hacía enojar, no tanto el , ni su petulancia, eran los pensamientos a los que se dirigía mi cabeza en su presencia, me sentía desprotegida, como si mi muralla se hubiera derrumbado, como si estuviera por primera vez desnuda frente a él, con absoluta pérdida del control que era una necesidad imperiosa en mí, el control, controlar mis pensamientos que se escapaban a donde se les antojaba y no me dejaban concentrarme, control sobre mis emociones, que pendulaban entre la euforia la felicidad, el tedio y el hastió.
>Muero de hambre, te invitaría a comer, pero me han advertido que jamás aceptarías, y no me gusta quedar como un idiota enfrente a las chicas< por fin vi la mueca sarcástica en si rostro disfrutando mi cara de asco y la ambigüedad de su frase jugando con mis pensamientos.
>Supongo que esperas que un intelectual petulante que escucha jazz y lee las sandeces filosóficas que te gusta, venga a llenar tu vacío existencia; pues déjame que te de un consejo, al diablo la intelectualidad, deja de pensar tanto, se te pasa la vida, vívela, si es una mierda, lo he visto, lo has visto tú también, pero ya, usemos una frase de ese escritor que parece tanto te gusta, lo vi ahí alado de tu ordenador; “Somos imperfectos en un mundo imperfecto” y entonces que le das tantas vueltas, deja ya de tanta retorica silente en tu cabeza, cuando estés lista dentro de unos meses, luego que termines de escavar en tus dolores y autoflajelarte, vas a ver estas imágenes las de hoy y vas a llamarme;…. Lo sé, lo harás<
Seguía estupefacta, con la cámara en la mano y mirándolo atónita, no sabía si realmente lo estaba diciendo, si me lo estaba imaginando, si todo aquello había sido real, si solo era una estúpida broma de mi cabeza; lo vi levantarse, yo seguía estuporosa, esas palabras se hacían eco en mi cabeza “autoflajelarme” “intelectual petulante” “jazz”, como coños él sabía que me gusta el jazz; lo seguí sin pensar mucho hasta la puerta, ya tenía la capucha echada sobre la cabeza, las manos en los bolsillos y miraba el piso, por un según volvió todo a ser extrañamente más frio que antes, su gélida presencia volvió a hacerse notar, como si esos últimos 15 minutos y esa perorata casi impropia que me había espetado unos minutos atrás solo hubiera sido un error, o un desliz; mis miedos volvieron a caminar por mi piel erizándome los vellos; se paró justo frente a la puerta del ascensor de espaldas a mí, yo seguía viéndolo irse sin entender lo que había pasado, se abrió el ascensor , yo seguía como una estatua en la puerta mirando hacia donde él estaba, y cuando la puerta se cerraba para bajar dijo >Nos vemos<

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