miércoles, 14 de agosto de 2019

Retrato Psicológico (12)


Había pasado casi un mes, desde aquel miércoles por la tarde desde que  >Nos vemos<  y la perorata que me había dado, desde la fluctuación tan irregular de mis sentimientos, desde aquello que había parecido a mi entender una alucinación, mi mente todavía trataba de procesarlo de encontrar una lógica a lo que no la tenía; y quién sabe si alguna vez la encontrare, pero entre sesiones, cuando miraba las fotos de los demás sujetos y las catalogaba, las estrujaba y las criticaba severamente, no podía dejar de pensar en él , en la profunda amargura dulce de sus ojos color caramelo , en sus palabras, el >Petulante intelectual, que le guste el jazz y llene tu vacía existencia< , seria eso lo que realmente quería, sabía que después de mis últimas relaciones lo último que necesitaba era alguien más, que reconstruirse era necesario para acoplar a alguien más a mi vida, no encontraría la plenitud en otro y si no lo negaba había fantaseado varias veces con esa clase de hombres. Recuerdo haber estado sentada mirando una pared blanca de mi escritorio donde jamás había decidido que poner, un poco por falta de interés, mucho por falta de decisión, pero estaba ahí al igual que las palabras que él me había dicho, increpándome mi procastinacion, esta quiescencia de la que solo aquel nuevo proyecto me había sacado, y a la cual muchas veces quería volver, porque allí aunque el aire me faltaba, controlaba todo, y eso me daba seguridad; esa pared blanca empezó a hablarme, empecé a redefinir en m i menoría los rasgos de su rustro, que no había vuelto a ver, ni siguiera sus retratos, empecé a vislumbrar el arco de su labio superior , la curvatura grácil de su media sonrisa, la forma hermosamente gatuna de sus ojos rasgados, la languidez de sus extremidades, y esas mano, con las que había soñado más de una vez, deslizándose sobre las teclas blancas y negras de un piano; no quería pensar en él , pero lo hacía, me negaba a sucumbir, a su halo de misterio a su melancolía que me sonaba a Nocturno de Choppin y su irreverencia punk que me recordaba a The Velvet Underground, a su sinceridad y mi inexplicable trasparencia enfrente a él; me negaba pero al mismo tiempo no podía apartarlo de mis pensamiento, asumí después de verlo montado en mi pared blanca como un cuadro, que debía por fin ver las fotos que habíamos hecho, que tenía que vencer esa espasticidad que no me dejaba moverme y aun si perdiera de nuevo el control , era necesario volver a ponerme frente a él, volver a verme a través de él , como si un espejo me hablara y todo lo que estaba dentro mío por fin pudiera salir, sube en ese momento que era necesario, que eso era lo que buscaba cuando empecé con las fotos, ni uno de los demás sujetos había logrado calar tan profundamente en mi como el, nadie me había llevado a pasear tanto por sus emociones como por las mías, y pensándolo bien nadie antes había logrado quedarse por tanto tiempo en mi cabeza repitiéndome una y otra vez que dejara el existencialismo de lado y me dedicara a vivir, esta mierda de vida, porque no nos quedaba de otra.
Me despabile agitando mi cabeza y refregándome la cara, di vueltas mi silla giratoria hacia la pantalla del ordenador, busque la carpeta con la fecha y dentro de ella lo encontré “Sujeto numero3 “, respire profundamente tres veces antes de exportar las fotos al editor digital y cuando la primera apareció en la pantalla el deja vu se hizo presente acompañado de ese escalofrió inherente  a su gélida presencia, esa que solo me devolvió la calidez cual primavera  que derrite la nieve del invierno, cuando al pasar  rememorando cada uno de aquellos momentos , llegue a las fotografías que habíamos hecho en los últimos 15 minutos, y las dudas se disiparon , tenía el retrato que había buscado, ese con el que cualquier artista fantasea , ese que Oscar Wilde  tan trágicamente supo describir, la obra y de la musa  conjugadas en un espacio tiempo, compartiendo su esencia, el alma capturada  por  mi lente, y mi corazón adormecido por el pasado empezó  dar señales de seguir aún vivo, cuando una lagrima de alegría se asomó a mi rostro  e instintivamente busque el teléfono para mandarle un mensaje.

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