domingo, 12 de febrero de 2017

la boheme

No entiendo aun cuál es ese poder que Chopin  tiene sobre mí, sobre mis letras, siento como si las notas se deslizaran por mi cuerpo, como si la sensorialidad de cada acorde  percutiera sobre mi piel, como si su sutileza, su elegancia, sus largos y preciosos dedos bailaran sobre mi como entre blancas y negras.
Son lo bemoles, ese dejo melancólico y a la vez lascivo, que me dicta poesías, que susurrante enciende lo que unas manos cansinas le niegan a la noche, la verdad resumida en una fábula de Bécquer, la valía con que las letras distinguieron a Goethe, y mi sur abrazándome la cintura, tentador y sutil como el recado que me entrega, la nítida llovizna que se extiende desde las notas de un tango y él aguardando el encuentro.

Es que acaso solo yo discurro en tan osada prerrogativa, en tan inusual experiencia, en la completa sin razón, que la razón devela, el tacto compartido en una insolita cadencia, mis manos buscando palabras, las suyas tarareando obras, el sintético y estéril paraje que “la boheme” evoca. 

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