Veo de reojo hacia donde estas, tirado sobre el sillón leyendo,
tratando que el molestoso zumbido de tu teléfono no te fastidie, y no puedo más
que preguntarme, Como, como te encontré, como en este desierto estéril de emociones
y plagado de nimiedades, ajeno a estereotipos y repleto de esas virtudes que
para el mundano devenir de la existencia moderna, son asuntos exentos de valor,
pero a mis ojos y bajo el escrutinio de mi falta de tacto son imprescindibles; te encontré, y recalco te encontré, por que no se si yo aglutino sin saber un
sinfín de cualidades que ajenas a mi
hacen que a tus ojos me vea como nadie más.
No tengo idea, no me imagino como estas letras y las que
antes que ellas sentaron el precedente que describen tu esencia, me llevaron en
un momento a verte y mirar a través de ti dentro mio.
Hasta las pequeñas batallas que montamos, ya sea por alguna canción,
por algo de literatura o conocimiento general, o hasta por el menú de la noche,
son amenas a mis ojos, porque a tu lado la cotidianidad sabe especiada y lo
normal se viste de fiesta, porque a tu lado aprendí a ser mí mejor yo y la
tempestad apremiante de mi carácter explota contenida en tu serenidad.
Las sabanas cuentan la leyenda de tus manos re dibujando
mis fronteras, y mi boca dedicándote jadeos, esos que hasta ahora no sabía que existían,
ni el éxtasis ni la lascividad compendiadas en unas cuantas horas, ni la calma
en la que mi cuerpo, pero sobre todo mi mente descansan contigo a mi lado, ahuyentando
el insomnio y atrayendo las sonrisas.
Tu reproche en este instante vuelve a ser sobre el
tintineante repiquetear del teclado, sobre el sujeto de mi abstracción, sobre tu
tedio por el tema de las palabras antes expuestas y la necesidad nunca colmada de
leer lo que escribo en mi presencia.
Antes que llegues a mi lado, sonrió, te miro profundamente diciéndote
en silencio todo lo que he escrito, mientras mis manos prosiguen su rito, este impío
proceso de registrar la simpleza del amor que te tengo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario