La foto del momento, es más cotidiana que
trascendente, hay un escritorio y una ventana que deja que vea por ella, se
escucha el teclado repiquetear al ritmo
poco ortodoxo que mis manos incultas le dictan; la verdad que eso de la
dactilografía nunca fue lo mío, y aunque siempre tuve la ilusión de escribir
alguna vez en una máquina de escribir antigua para sentirme como un “verdadero
escritor”, mi torpeza sucumbió a la tentación que la tecnología pudo ofrecerle;
igual ese no era el punto, estaba recordando la escena , el sonido de las
teclas, el tacto de mis dedos sobre el plástico del teclado, el viento entrando por la ventana
jugando con la cortina, el gato pasando entre mis piernas mordisqueando de vez
en cuando los dedos gordos de mis pies descalzos, el sol escabulléndose por
la persiana entre abierta, el aroma a oriente emanando de la taza de té apoyada
a un lado.
Mis trances suelen minimizar los ruidos
externos para que las palabras que están dentro puedan tomar forma y pintar las
paginas, hasta que algo, o mejor dicho alguien susurra en los límites de lóbulo
de mi oreja >>Estas ahí<< y el escalofrió recorre todo el espinazo
y las mariposas revolotean en la boca de mi estómago; recordándome el platillo
rítmico del jazz, produciendo el mismo estremecimiento, la misma sensación de
caída libre, la misma sonrisa de boba y en este caso unas ganas de matarlo. La
página iba tan bien , la trama me llevaba a otro lugar, los personajes se
adueñaban de los diálogos, pero no, NO, él tenía que hacer aquel chiste corroído
por el mal uso de su repertorio, sé que mi cara de mal humor dibuja esa
estúpida sonrisa de satisfacción en la suya, por lograr su cometido, y aún más
amplia cuando dos segundos después cambio la mía y negando sonrió por que no
puedo de ninguna manera enojarme por eso; camina hasta el sofá, no antes de
poner un disco uno que sabes no puede molestarme, toma el libro que lo tiene
tan fascinado y desplomándose entre los almohadones dices >>Tienes hasta
que termine el disco, después te quiero de vuelta<< con esa ironía tan
única y despreciable que tanto amo.
Respiro profundo , tomo un sorbo del té, apoyo mi mano sobre la taza hasta que el vapor hace que la retire, mientras leo los últimos párrafos para hilar las ideas que se agitan como coctelera en mi cabeza, sé que me mira de reojo puedo sentirlo justo sobre las letras del tatuaje, esperando que vuelva a lo mío para hundir sus narices en sus asuntos; y al terminar la última palabra escrita ya he vuelto a perder noción de lo que pasa realmente a mi alrededor, y sigo persiguiendo las palabras, coordinando los diálogos, haciendo que la molotov de ideas que tengo en la cabeza no explote como pirotecnia inteligible sobre la paginas, al fin cuando el cansancio mismo del esfuerzo por seguirle los pasos a todos esos seres ficticios comienza a abrumarme, algo vuelve a traerme al exterior, es el sonido que hace la púa al terminar el vinilo, son sus pasos, es su aroma a suavizante y sol de primavera, la cadencia de su voz recordándome con dulzura su anterior sentencia, justo antes de fijar los ojos en mi pantalla a mis espaldas, y sin mi permiso intentar leer algo de mi trabajo, no sin que cerrando la notebook, me volteo en la silla y mirándolo a los ojos culmino nuestro domingo de mañana con un nunca mal recibido >>Tengo hambre<<
No hay comentarios:
Publicar un comentario