Somos así, nada cambia la forma tan
particular, tan única y maravillosa que tenemos, cuando al mirar el uno en los
ojos del otro encontramos la respuesta, la verdad guardada dentro de nosotros
mismos, la fuerza, el coraje para dar un paso y otro, y otro, para seguir el
sendero iluminado de alegrías, para luchar por ser esas personas que siempre
soñamos ser pero nunca pudimos hasta ahora, no es solo amor lo que tú y yo compartimos
es aún más , es la certeza de tenernos, de encontrar en el otro nada más que un
espejo, el reflejo feliz de un nuevo días, el saber que está bien entréganos al
vacío, a saltar sin miedos, a pelear nuestras batallas, porque estamos ahí el
uno para el otro para decirnos las verdades esas que supuestamente no deben ser
dichas, que podemos equivocarnos sin miedo a represalias, que podemos ser libre
y aun así seguir acompañándonos.
Somos como dos niños jugando a ser
adultos, sin perder el entusiasmo, la sorpresa y la hermosísima luz que el
juego nos regala, es que fuimos tantos antes de ser estas dos personas, fuimos
por otros, fuimos para otros, y al final cuando todo era oscuridad y tinieblas
nos vimos y en ese solo momento, en ese extraño éxtasis que la vida nos regaló
supimos que todo iba a cambiar, que el camino ya no sería funesto, porque aun
siendo hostil tendríamos las manos entrelazadas y siempre podríamos mirarnos
para encontrar alivio en el otro.
Sé que la gente no cree en esos amores de
letras, en las que los personajes toman vida, y yo tampoco lo hacía, el dolor
se transformó en cinismo y este en perfecta barrera para evitar que me dañaran,
y así en ese patético estado de mi vida, sumergida en mis miedos, en mis
frustraciones, peleada con el mundo y a punto de sucumbir ante el alcohol, con
la idea indisoluble de terminar con mi vida; te encontré , tan cínico, tan
malhumorado, tan roto en pedazos como yo misma lo estaba. Ya sé que no fue solo
vernos y sabernos lo que cambio todo aquello, aun guardamos un poco de cinismo,
aún estamos cociendo y uniendo los pedazos, aun perseguimos a ese maldito
conejo; pero discutir contigo, es aún mejor que despertarme a la madrugada
empapada en sudor por algún mal sueño y que tu estés ahí malhumorado por que habías
conseguido dormir y te desperté, aunque los dos sabemos que tu preocupación por
mis lágrimas se esconde imprudentemente detrás de tu cabello alborotado y tu
estúpida remera rotosa que usas para dormir.
No hemos cambiado tanto, solo que es más
soportable la existencia cuando tus demonios y los míos se acompañan, cuando te
ríes a carcajada de mis quilombos, y levantas detrás mío todo lo que voy
tirando, cuando me enojo como una loca porque quisiste cocinar y no solo la
cocina es un verdadero desastre que por supuesto no pienso limpiar, sino que la
comida es espantosa, o los litro mejor dicho galones de café que consumes
desmedidamente y la lucha campal que montamos por el control de la tele, pero
lo que más detesto y amo de vos al mismo tiempo es el silencio, tu
omnipresencia, el espacio que me das cuando quiero matarte, tan justo que tu
abrazo siempre es lo que necesito unos segundos después, odio que me leas, que
me entiendas, que me ames así de destrozada, así de malhumorada, así de cínica
, así yo como soy, pero lo que más detesto de todo es que yo hago lo mismo y sé
que tu media sonrisa se empezó a volver sonrisa en la primera línea, que
negaste en algunos puntos, que levantaste la mirada en otro para verme a los
ojos, que discutiste conmigo en medio de todo por escribir sobre tus desgracias
y sé que en este mismo momento en que lees estas últimas palabras tu cara se
vuelve más seria por que pude predecir tus reacciones y es algo que no te
gusta, pero de que otra forma sabría si no es por esto, que todas estas
palabras colgadas en la red solo harán que dejes lo que estás haciendo y
camines decidido hacia mí para sacarme del trance de escribir y besarme como la
primera vez.
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