Todos dispuestos para el ritual
Serpenteantes multitudes
En línea esperando el momento
De entrar.
Orden errático
Uniformes poco convencionales
Y en los pies
La vieja estrella que siempre saber brillar.
Descontrol ordenado
Al abrirse los portones
Expectativa que crece
Y al fin dentro la sobrecogedora
Sensación de insignificancia.
La espera se hace eterna
Hasta que las luces se apagan
Miles se vuelven uno
En esa danza demencial.
Entonces una voz fuerte y clara saluda
La ovación cerrada
La misa de los blasfemos estalla
El aplauso ensordece
Con los primeros acordes de su majestad .
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