El viento ha cambiado su
rumbo inesperadamente, su fuerza arrastra sin tregua las nubes, y en unos
cuantos minutos aquel cielo azul en que perdía la vista pensado en ti ya no
existe, el gris todo lo cubre, la temperatura a bajado unos grados, una lagrima
se retiene en mi lagrimal, un llanto que no pudo ser expira en suspiro mientras
en pecho oprimido por tu ausencia me impide respirar. Siempre me pregunto por
qué todo me recuerda a ti, a ese ser prometido por el destino que se niega a
llegar cuando la luna platea llena iluminando la oscura noche, o el cielo
nocturno refleja sus millares de constelaciones sobre el espejo prodigioso de
un lago en calma, o cuando el mar va tiñendo su inmensidad cobrizos al recibir
el sol que se despide del día, porque será que sólo la lluvia conoce mi sentir
y me permite respirar, mientras la naturaleza majestuosa e impávida solo me
recuerda lo hermosamente que es cada instante que he perdido sin encontrarte.
Tímidas las gotas empiezan a caer, la melancolía se apodera de mí, mis ojos por
fin pueden llorar sin que me vean, y bajo el paraguas aminoro el paso, hago más
lento cada minuto mientras espero el abrazo que a veces creo jamás llegará
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