martes, 30 de junio de 2020

Enjaulada


He caminado esta ruta tantas veces, la música dictándome palabras, la noche acurrucando mis sentimiento, mis manos deslizándose sobre el teclado,; se los he repetido tantas veces que creo que es hasta molesto , releer cada una de las letras, que formas las mismas frases, que hablan sobre lo mismo, que buscan lo mismo, pero hoy, hoy solo denme una instante más para que mi corazón no se atrofie, para que no pierda la capacidad de amar, a veces pienso que estas palabras, que la procesión marcial de la letras sobre la gloria inmaculada de una hoja en blanco, es el último vestigio de amor que guarda mi corazón, que no sé cómo se ama, como se siente, como se vive si no es a través de estas páginas , a través de la poesía, que me atraviesa y me define, a través del arte que me deja ser y no me juzga, a través de este rito que cual fiel devota practico para que mi único credo se mantenga intacto.
Cuando siento que voy perdiendo la capacidad de engarzar verbos y adjetivos, de conjugar y puntuar mal una oración; y la inspiración se diluye como la tinta azul de mi carta jamás entregada por las lágrimas que sobre ella derrame, y yo necesito ver, oír, sentir , saborear , oler, experimentar alguna forma de arte, algo que me abofetee por lo extraordinario de su existencia para recordarme que aun aunque me repita, que aun aunque parezca básico y burdo esto que hago es la forma en que aprendí a respirar, y mi vida no tiene  sentido si el oxígeno que ese tsunami de sentimiento de experiencias me genera, sin la búsqueda constaten por no perder el ultimo hilo que me mantiene conectada con este ser supuestamente humano que soy; sin perder del todo mi autonomía.
Hoy tenía ganas de escribir, de que mis letras terminaran siendo parte de una carta que jamás se leerá, y prenderla fuego, quemar mis sentimientos  en una hoguera como si esta ofrenda profana reforzara mis creencias y revitalizara mi hastió, como si así   pudiera conseguir un interlocutor tácito y mi soledad se acompañara por un momento de aquello que en los anaqueles me hablan y desde las paredes me gritan y este insignificante existir no pareciera un error y la esperanza de algún día no sentirme tan enjaulada llegara en forma de amor.

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