Quiero volver a sonar entre tus manos,
como las notas, que sin saberlo se escapan de un instrumento;
vibrar, sin que lo entiendas
como acorde melodioso y sutil en tu recuerdo;
como el sonido del agua acariciando tu cabello,
como la arena, aromada a sal de mar que se desliza entre mis dedos,
como la dulzura de la lucuma susurrada por aquel genio.
Quiero ser todo lo que escribas,
todo lo que cantes,
todo lo que crees;
quiero ser tu musa,
tu santuario,
tu deidad,
tu santa
y también tu calvario.
Quiero saberme renacida, en sucesión prodigiosa
de arpegios,
de sinfonías
y por qué no alguna balada cursi
que le regales al profano .
No, no te escapes,
no retengas las ganas de saberme,
de tocarme,
de hacerme música,
poesía,
canción
y amor entre tus manos.
Yo lo busco,
te busco,
lo he hecho hace años,
desde que en una noche, sin luna, nos encontramos,
caminando sin rumbo
sin brújula
sin ánimo,
tentados a perder la paz,
en la garras de otra copa de alcohol
que se desvanece de un trago.
Volvamos ahí donde solíamos ser
solo nosotros
con los pies colgando del acantilado,
ahí donde vencimos a la bestia,
donde murió el Minotauro,
en el rincón donde el Aleph
se transformó en símbolo sagrado,
donde la literatura y la música unieron sus pasos,
en el lugar infinito
donde comienzan mis alegrías y terminan mis fracasos,
arropada por el sonido métrico
rítmico
y hermoso de tu corazón
cuando me sostienes entre tus brazos.
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