No sé si es el
cansancio arrastrado de las dos últimas madrugadas sin dormir, o la loca idea
que hice algo malo sin que me diera cuenta, pero necesito, te necesito,
necesito ese asilo prodigioso que intuye mis miedos y alienta mis anhelos, mi nación
amada, el sitio donde la pelea es un recuerdo incongruente y la paz ilumina mis
palabras.
El viento del sur embriaga la atmósfera con la sutileza de
un recuerdo, los pies descalzos sobre el césped húmedo y la gloria pausada en
infinito, el Aleph excelso pero no extinto, en el que respirar ya no importa,
mi cabeza apoyada en tu pecho robándole sinfonías sistólicas a tu cuerpo, tus brazos rodeando mi cintura, herbáceos cual enredadera de sutil belleza, la magnificencia
de lo efímero que algún día inspirara mis letras.
El suspiro retenido, una lagrima acariciando mi mejilla, tu
abrazo ajustado, mi sollozo resguardado, el silencio entre ambos profanado por
la ciudad y sus sonidos, mi necesidad chispeante reflejada en tus ojos rojos;
una canción compartida, un gato zigzagueando entre nuestras piernas, Orion
conversando con la Luna y tu mano bailando por mi espalda.
Me acomodo un instante más antes de volver a ser coraza, lo
sabes, me sabes, tarareas la letra de un poema conocido , corrijo tus errores,
retienes una carcajada y antes que me enfunde los guantes enviste con la mejor de tus ofensivas mientras me retienes entre tus brazos.
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