Perdida en los trazos faltos de toda grácil expresión,
que mis manos automáticamente suelen perseguir,
sin rumbo aparente sobre una hoja blanca.
Hora que fuera por acallar mis angustia,
hora que fuera por dejarme volar,
llenas siempre de ojos,
de figuras irreconocibles,
de lunas llenas y lágrimas.
Monocromos hermanos de mis letras
indignos de consideración;
sigo buscando el rumbo
que en ellos supe iniciar
y a fuerza termino siendo letra,
palabra,
párrafo,
una concatenación de sinsentidos.
Me recuerdan día y noche,
hora, minuto y segundo
“Respira” ,
y la conciencia de lo inconsciente
tiñe la atmósfera de melancolía ,
la trama que jamás termina en desenlace,
el nudo imposible de desenmarañar
y el mantra resoplando del pasado,
cantado en el presente,
susurrado desde el futuro
“Respira,
respira,
respira”.
Alucino en blanco y cobalto
esta noche gris
en que el simple repiqueteo del teclado,
el zumbido del aire acondicionado,
el ardor en los ojos
por la innecesaria luminosidad de la pantalla;
tratan que la tozuda,
huraña
y mezquina quietud,
se aparte para que así,
el yugo opresivo
e inevitable
que asienta en mi pecho
aminore su peso
empero de la gravedad
y las leyes de la física,
dejando que la palabra
ya no el silbido retumbe
“Respira”.
O tacto
que me dejaste cicatrices
imperdonables,
O estática
que te robaste
mis bríos,
o dolor
que siempre
me devuelves las letras
y el infinito
que simbolizan
estos puntos suspensivos ...
que mis manos automáticamente suelen perseguir,
sin rumbo aparente sobre una hoja blanca.
Hora que fuera por acallar mis angustia,
hora que fuera por dejarme volar,
llenas siempre de ojos,
de figuras irreconocibles,
de lunas llenas y lágrimas.
Monocromos hermanos de mis letras
indignos de consideración;
sigo buscando el rumbo
que en ellos supe iniciar
y a fuerza termino siendo letra,
palabra,
párrafo,
una concatenación de sinsentidos.
Me recuerdan día y noche,
hora, minuto y segundo
“Respira” ,
y la conciencia de lo inconsciente
tiñe la atmósfera de melancolía ,
la trama que jamás termina en desenlace,
el nudo imposible de desenmarañar
y el mantra resoplando del pasado,
cantado en el presente,
susurrado desde el futuro
“Respira,
respira,
respira”.
Alucino en blanco y cobalto
esta noche gris
en que el simple repiqueteo del teclado,
el zumbido del aire acondicionado,
el ardor en los ojos
por la innecesaria luminosidad de la pantalla;
tratan que la tozuda,
huraña
y mezquina quietud,
se aparte para que así,
el yugo opresivo
e inevitable
que asienta en mi pecho
aminore su peso
empero de la gravedad
y las leyes de la física,
dejando que la palabra
ya no el silbido retumbe
“Respira”.
O tacto
que me dejaste cicatrices
imperdonables,
O estática
que te robaste
mis bríos,
o dolor
que siempre
me devuelves las letras
y el infinito
que simbolizan
estos puntos suspensivos ...
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