Tu voz se escucha en un susurro junto a mi
oído , vuelvo en mí, no sé cuánto tiempo llevo embobada mirando para arriba,
creo que desde que pasamos la seguridad y vi de cerca el edificio y su
magnificencia, te escucho contarme algo que ya se sobre los vitrales, lo estás
leyendo de un libro que compraste antes de entrar, de la tienda de recuerdos,
insististe argumentando que yo ya había estado allí y que suelo saber más de
estas cosas que vos y que me distraigo fácilmente y no sabes dónde voy.
>>Me fascina tu cara de niño en
juguetería<<, dices luego de mi tercer “ya se eso” y mi vuelta a perderme en la intrincada confluencia cual
arboleda de las columnas al llegar al tope de la nave principal, se me escapa
un Heeee gutural y un tanto impropio,
lo sé porque al volver en mi por segunda vez en un corto periodo de tiempo, veo
la cara de desaprobación de una vieja estirada un poco snob que camina con un
guía personal que le cuanta miles de detalles que ya he leído en un libro, ríes
negando con la cabeza y llevando una mano a la frente para reforzar el
punto, me encojo de hombros y hago un gesto al deletrear sin decir la palabra “PERDON”.
Al dejar atrás los cuatro pasos que nos
separan, tomas mi mano, me adviertes que no quieres una clase de historia
cuando amago contarte donde estaba perdida, ahora soy yo la que niega, nunca me
aburro de tu desparpajo y cinismo.
Me guías como lazarillo cuando
vuelvo a perder la mirada en el techo y en las escalera, me llevas de la
cintura mientras camino y de vez en cuando aunque advertida suelto una que otra
cosa que leí, remedándome con sarcasmo dice “ya se eso”, casi tropiezo con alguien la quinta vez que lo dices y me atraes con
fuerza hacia vos; >>me extraña que no hayas sacado la cámara<<
dices bajito cuando trato de equilibrarme para que ambos no caigamos de bruces
al suelo, te miro casi enojada porque tu comentario se amalgama con un grupo de turistas se nos une con una
guía y el torbellino de tecnología que les caracteriza entre el arte y ellos,
unos cuantos selfies después se mudan dejándonos casi solos en ese rincón me
suelto un poco y busco la cámara que llevo en el bolso, siento más que veo tu
sonrisa autosatisfecha y el “ya me
parecía” en mi espalda.
Vuelvo a perder la noción del tiempo y el
espacio, la luz y su juego con las formas, las sombras que crean emocionan mis
sentidos, me sobre salta el obturador de tu analógica, dos segundos después te
miro con cara de tedio, sé que fue otro retrato mío, todavía no me acostumbro a
ser el sujeto en tus fotografías, pero con tal que no las tengo que ver colgadas en el
departamento, ya me resigne hace meses;
me haces un gesto que me recuerda alguna conversación convertida en discusión
sobre el tema, y eso me hace hacer un ademan …perdí esa batalla.
Tu “muero
de hambre” me distrae de la catalogada numeración mental de fotografías que
tengo, asiento con la cabeza, mientras mentalmente descarto, >>dos más<<
digo, paso a tu lado y te doy un beso en la mejilla; y unos veinte minutos
después caminamos a la salida, mientras me dicen>>- ya quiero ver tus
fotos, siempre es un placer verte perdida en tus pensamientos cuando llegas a
lugares como este, nunca pierdes la capacidad de asombro como si no lo
conocieras<<. Ladeo la cabeza gatunamente y te miro con amor a los ojos
solo para volver a darte un beso y las gracias.

No hay comentarios:
Publicar un comentario