Vamos no fastidies, deja que la poesía o
mejor dicho esta prosa poco ilustrada que suele salir de mis manos,
descontrolada y profana, dicte lo que la dicha muchas veces calla.
Ya lo sé, la gente no habla así, pero deja
que me ponga gran elocuente, y despilfarrando caracteres resuma la majestuosa
certitud que alberga tu abrazo.
No, no trates de cambiar de tema, no
pretendas no ser parte de este conjunto que creamos sin saber ni porque, ni
como, y que estropeados por el alcohol olvidamos el verdadero cuando, pero
sigue, seguimos, y seguiremos lo que nos permitamos entender que la verdadera
hermosura de tenernos, no es más que la reconciliación profunda que el campo de
batalla nos deja.
Si lo sé y vos también, no somos ni perfectos,
ni blancos, y aunque nos gustaría tampoco negros, somos seres ambiguos, llenos
de luz y sombras, regidos por nuestras decisiones, las que nos llevan a seguir
eligiéndonos día y noche, las que nos llevaron a aquel momento en que ni uno de
los dos esperábamos pero nos encontramos, somos esas decisiones que supimos
sobrellevar, los dolores que nos convirtieron en coraza y la dulce razón que
nos llevó a romperlas para vernos como realmente somos.
No te rías así de las palabras que elijo,
tan solo porque no son de mi cotidiano vocabulario, no quiere decir que no las
sepa usar, o peor aún que en tus labios no suenen aún mejor.
Recuerda que este silencio impío que las
teclas deshonran, no es más que el dibujo poco agraciado de nuestro amor, ese
que no sabe decirse, pero se siente como mil y una noches, ese que entre
sabanas forjamos y cotidianamente defendemos, ese en que nada parece perfecto
aunque esa sea la idea, un amor vivido en presente descripto en futuro y
albergado en pasados dolores que ambos supimos superar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario