jueves, 2 de febrero de 2017

El abismo la soledad la habitación

Qué pensarían si cual Nietzsche les repitiera esta Frase: 

“Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.” 

Serían acaso capases de entender la frase ?, alguna vez se han puesto ahí? Suelo decir que mi lugar favorito donde escapo para abstraerme  del  mundo es un acantilado con piedra filosas donde un mar tempestuoso rompe y ruge , en el cual sin miedo puedo colgar mis pies en el vacío y sentada  respirar el salado y gélido llamado de  las sirenas.

Es difícil sentir ese sonido y tratar de no buscar la caída libre, pero  yo realmente, sé lo que es ver el abismo, estuve ahí y él miro dentro de ,mi y sus vestigios estimulan lágrimas, recordando el color de la soledad , del no ser, de la mentira, de esa cama inmensa en la que naufrague dolorida por tanto dar y expirando de tan poco recibir. 

El abismo tiene muchas caras, tiene nombre de mujer, de hombre, se viste de inseguridades y se alimenta de traiciones, es subyugante, estereotipado, es la voz de tus deseos que maquillan la realidad, soy yo llorando un viernes santo en su cama sin que se de cuenta y las heridas del pasado que aun no  puedo curar.

El abismo se ve en unos ojos hastiados, en la rabia, en la  ceguera de no querer vernos, en la ofrenda con el que el dolor nos sacrifica, en la luz, la máscara, la sutileza de guardar aquello que nadie habla, pero nosotros gritamos en silencio, él no nos deja, nos persigue, es la sombra que dura nos recuerda la fría necesidad que tenemos de DECIR, y el miedo que nos lleva a CALLAR, él es mi amigo, mi enemigo, mi amante y el perpetrador, un santo redentor, él me mira sin ojos, me habla susurrante al oído y cuando nadie más nos acompaña puebla mis noches de palabras.

Alguien me recordó una Frase de Nietzsche, y mis lágrimas recorrieron mi rostro emulando el tipeo delirante de mis manos, para culminar en la sinrazón que llena estas páginas y aun así cierro los ojos y escucho una poesía de Bécquer, huelo el mar de Neruda, siento como Poe se abraza con el viento, gusto el agridulce  néctar de las Flores del Mal, y  veo con la inequívoca y escasa visión de mi maestro todo pintado de Ámbar, para escaparme ahí donde el monstruo habita, donde el abismo me descifra  y yo dejo que la virtualidad florezca en letras

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