El vértigo se apodera de mí, respiro
profundo trato de pensar en lo hermoso de la vista, siento como el sol cálido
acaricia mis mejillas, tu mano apretando fuerte la mía; el susurro casi
imperceptible de tu voz preguntando como estoy; por supuesto que no son un
secreto para ti mis fobias y manías, en este momento agradezco que así sea,
agradezco que simplemente tomes mi mano, que dejes que yo lo enfrente, sin
tratar de protegerme cual héroe de cuento.
Bajamos del funicular, y nos encaminamos
con la multitud, de inmediato siento el magnetismo casi mágico, místico del
lugar, escuchamos vagamente todo aquello que tiene que ver con las
instalaciones y la iglesia, en un instante la vista me hipnotiza, te abandono
sin darme cuenta y sigo mis pasos sin saber dónde me llevan, paso
enfrente de algo así como una feria, la gente habla, el día es hermosamente
perfecto, el sol abraza en una justa caricia, mientras el viento juega con mi
cabello recordándome que a pesar de todo sigue siendo invierno, escucho tu voz,
doy vuelta la cabeza para topetarme con tu cara de fastidio, no es la
primera vez que me encamino sin rumbo premeditado siguiendo una sensación que
me atrae, sonrió y cambias el tinte de tu mirada devolviéndome la sonrisa, me
alcanzas sin que ambos apartemos por un minuto la mirada el uno del otro, me
das un beso rápido, niegas con la cabeza y dejas que mi derrotero nos guie, en
el instante preciso para que deteniéndome gire a mi derecha en una monumento de
piedra y suelte un suspiro por lo sobrecogedor de la vista.
Mis piernas flaquean, sé que te has dado
cuanta cuando me sostienes por la cintura con tus brazos que desde atrás me
rodean, apoyas el mentón en mi hombro y dejas que el sol, la vista, el viento,
el misticismo de ese lugar nos cobije, el silencio lo dice todo, sostengo sin
darme cuenta la respiración, hasta que un susurro de tu voz me recuerda >>respira<<,
lo hago, me acomodo entre tus brazos y sostengo el silencio que entre ambos es
habitual; no necesitamos más que eso.
Me suelto gentilmente y sé que voy a
atesorar este momento por muchos años , que lo relataremos y nadie lo creerá,
un gato desperezándose en la cornisa de rocas distrae mi atención de ese
pensamiento, lo persigo con la vista, las personas que nos acompañan nos han
encontrado, respondo cordialmente su pregunta, tú haces lo mismo; pienso
mientras nos alejamos de aquel lugar tomada de tu mano, que a mi abuela le
hubiera encantado, mis ojos se cristalizan por las lágrimas contenidas, lo
presientes, suenas a tenue llovizna de verano reconfortándome, me despabilo
para responder algo sobre el almuerzo, me ayudas siendo más específico y
gentil, mientras dejamos atrás un sitio que recordaremos siempre.

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