sábado, 12 de marzo de 2011

Otoño

No puedo asegurarles a que debo el placer de aquel sueño, tal vez sea el cansancio por fin saciado o mi anhelo subconsciente de estar en un rincón como ese, quiero describirlo para nunca olvidarlo, aunque es casi imposible, por que anoche no soñé con es sitio, estuve ahí.

Parecía estar atardeciendo, un caminito estrecho entre caducos arboles, me llevo a la orilla de un espejado lago. Las montañas de picos nevados se reflejaban en el, una cabaña se veía un poco alejada, y en el precario muelle una embarcación, no se mucho de eso así que diré que era un velero,… Si, era un velero, puesto que recuerdo como la brisa refrescante desplegaba su vela blanca.

Ese inminente otoño, nada parecido a los de por aquí, me lleno de calidez el alma, las tonalidades de rojos, naranjas, marrones y amarillos engalanaba aquella tarde, las montañas de fondo recordaban que en poco tiempo llegaría el invierno y su blanca dulzura.

Quería en ese momento tener un lienzo y pinturas, para garabatear aquellos colores, quería una pluma y un papel para dedicarle tiernas poesías, quería una mano cansina tomando la mía para disfrutar aquella bella sinfonía, quería gritar para ver si así perturbaba aquella paz infinita; pero no pude estaba atónita, su simple majestuosidad me inmovilizo, solo pude clavar los ojos en el cielo tras las nevadas cumbres, y vi el desfile de colores tornarse de celeste, a lila y este confundirse al ocultarse el anaranjado sol con las copas de los arboles. Era todo tan maravilloso, aquel bosque no me daba miedo, era como si seres mitológicos, ufanos, inofensivos, y bondadosos lo poblaran; la noche ya inminente me trajo un nombre a la menoría, el titulo glorioso de un libro de Schakespeare, “sueño de una noche de verano”, y lo dije en voz alta cambiando solo la estación de ardiente solo por la de las hojas que caes.

Era todo tan sobre natural tan perfecto, tan simple, tan hermoso, que no tengo palabras para describirlo.

Ahora ya despierta anhelo volver a dormir y encontrarme de nuevo en ese lugar, sentada a la orilla de a que lago, abrazada a recuerdo y amores tal vez hasta ahora pasados, manchándome las manos de pintura, para terminar despreciando mi cuadro por ser una ofensa a ese paradisiaco lugar, llenándome las manos de tinta por tantas poesías, o solo quedarme allí inmóvil viendo como se esconde el sol y sale la luna…..

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