Volví a ser cronopio insomne y altivo
Bailando con la tregua de otros y las dulces esperas.
Volví a ser tierra cetrina, cabalgata nocturna
Tren con banderas y el viento norte del verano.
Volví a ser moneda marcada, un tomo de las mil y una noches
La metafísica misma de sus amarillas palabras.
Volví a ser musa de la isla negra, amante del mar y las
cordilleras
El otoño, el silencio que le gusta saber que no es cierto.
Volví a ser estrategia de una táctica oriental, compañera de
camino
Coraza fuerte y muchas, pero muchas bienvenidas.
Volví a ser lenguas de fuego, arpa en lo oscuro
Y el balcón al que nunca volverán.
Y comprendí entonces la verdad absoluta de la palabra
escrita
La solemnidad del que dejo recados escritos en piedra
La etimología misma de la inmortalidad en las letras.
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