El insomnio volvió a apropiarse de mi noche, suele hacerlo cuando
ayudado por tu descarada y tacita presencia, puebla mi mente de recuerdos
vividos e inventados y logro sentir tu cuerpo a mi lado compartiendo las
sabanas, respirando el mismo aire, escuchando en el pasado como nos hablaba el
mar, viendo al fin amanecer mientras la niebla caer de los morros, caminar por
una fría mañana de otoño al borde de aquel lago sureño de aguas claras, con el gélido
viento azotando los cuerpos, tendiendo a su antojo la Lenga en la isla, perdidos
en el abrazador sol de la tarde de primaveral entre girasoles, viendo como se mezclan
las nubes en el celeste cielo de mi norte querido, navegando por un rio cuesta
arriba, con historias fantásticas leídas en libros, hacia la inhóspita cabaña
alejada donde la libertad era una hamaca con vista al Paraguay. Sosteniendo mi
mano, caminando sobre los adoquines de la germánica historia, imaginando todos
aquellos que por allí vagaron, o quizás porque te conviertes en ese mi
caballero sin armadura que en medio del enardecido pobo una noche de febrero mientras
los Rollings Stones encendían a la ciudad de la furia, supo ser educado y
gentil salvándome del colapso, o caminando una tarde con migo por una cuidad
veraniega entre montañas, sabiendo que éramos niños pero queriendo ser algo
mas, oliendo a pino y garrapiñadas
Ves por que el insomnio me tiene prisionera,
y tu eres el culpable, que apoderándose de
todos los mas amados momentos de mi vida, te conviertes en un recuerdo fantasticamente
irreal que cuesta abandonar
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