Tengo un primo y una amiga que vivieron un tiempo por decir
lo menos en Inglaterra, y ambos concuerdan con que extrañaban mucho el sol, yo
ni siquiera de paseo estuve por esos rumbos, pero de lo que se es de esperar, por estas latitudes uno espera muchas cosas,
pero básicamente cuando el calor acecha, agobia, asfixia, nada es mas esperado
que la simpleza de la lluvia, y no hablo de eso chaparrones que cae rápidos, para después acrecentar la humedad ambiente
al evaporarse en un suspiro sobre el pavimente ardiente, estoy hablando de esas
lluvias acompañadas de tormenta, que casi indiscutiblemente se preceden de una
dulce caricia traída por el viento sur, eso que sigilosos van poblando el cielo
con su oscuras nubes grisáceas, y que resplandecen en el horizonte entre rayos
y centellas. Las mejores para mi son las que me despiertan en la madrugada, con
el tintineo repicando sobre el compresor del aire acondicionado, me toma un momento
pensar “la ropa” “la ventana del baño”…mmmmm,
no nada va a pasar, y la luz ilumina a través de la cortina anunciando el
estruendoso trueno, y luego de pensar en dos o tres cosas banales, abrazada a
las sabanas, acomodo mi cabeza en la almohada que pretende ser tu pecho ,
siento tu respiración imperturbable a pesar de todo y agradezco no solo que la
lluvia haya llegado para aliviar el calor, sino por que cuando llega de madrugada,
me regala el hermoso espectáculo de verte tendido a mi lado.
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