Tal vez tenga que ver con esto de escribir; de preocuparme más por la
palabra bien dicha; que por lo que podrían decir de mí; por haber sido una sombría y pesimista adolescente; por pasarme las noches
escribiendo en el ordenador; o en miles de libretas que guardo por ahí; en no
entender a mi entorno; ni sus
necesidades; por sentirme rara y fuera de lugar; que en esa época y para
siempre; personas que jamás conoceré; ni conocí; se volvieron mis amigos; mis más
caros compañeros; esos cuyos nombres; llevo tatuados en la piel y solo yo los conozco; aquellos que me
susurran y me susurraron historias fantásticas; que me enseñaron por primera
vez, la gloriosa expectativa de pasar la noche en vela y poder acabar sus
palabras; los que me dejaron convertir sus letras y su melodía en capítulos de
mi vida; en la banda sonoro de los momentos más amados y también de los más dolorosos;
ellos siempre están; son mis amigos más queridos; y aunque parezca una relación unidireccional; a pesar
de las distancias físicas, de los siglos de diferencia con algunos de ellos, de
lo insignificante que pueden ser estas
palabras que suelto a la red; y lo gigante que son las suyas sonando ahora en
la radio; no es unidireccional; porque ambos soltamos al vacío; al éter; eso
que estando adentro nuestro, y no sabe más que salir ;para convertirse
en palabra;, en nota; en trazo de un pincel; en luces escondidas en lo recóndito
de una fotografía, en síntesis en arte.
Es así como nos conocimos; como nos volvimos amigos; como nos acompañamos;
yo escuchándolos, leyéndolos, viéndolos; ellos a la distancia sabiendo; que en
ese mismo momento; en algún sitio del universo y tiempo, no ese encuentra solo;
por alguien está enfrente a su creación; sintiéndose acompañado.
Es así, esta rara amistad; engendrada en lo más oscuro de mi adolescencia;
cuando los cuervos y los pensamientos funestos eran dichosos; cuando el amor
lejano y romántico pululaba de mis manos
en melodramática y melosa poesía; cuando engendre la idea que junto a ellos,
esta mi soledad acompañada era menos doloroso; cuando arme mi coraza, y salí al
mundo, vistiendo la armadura de hierro, estoica, autosuficiente y segura, que todavía
llevo en el exterior; pero que la dejo al volver al refugio que comparto con ellos; cuando mis
letras se desparramas en sin sentidos; y sus voces me hablan al oído; cuando el
“que darían” no es importante, porque la gloria se encuentra en el blanco inmaculado de una entrada nueva en el
blog; cuando fantaseo, que tal vez, solo tal vez, del otro lado; hay una sola
persona, que lee esto; mientras yo lo escribo, y se siente menos solo; leyéndome y sintiendo
que puede tenerme de amigo; así como a aquellos que ordenados en su repisa o su
playlist; supieron acompañar su soledad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario