miércoles, 10 de septiembre de 2014

Soledad acompañada



Tal vez tenga que ver con esto de escribir; de preocuparme más por la palabra bien dicha; que por lo que podrían  decir de mí; por haber sido una sombría y pesimista adolescente; por pasarme  las noches escribiendo en el ordenador;  o  en miles de libretas que guardo por ahí; en no entender a mi entorno;  ni sus necesidades; por sentirme rara y fuera de lugar; que en esa época y para siempre; personas que jamás conoceré; ni conocí; se volvieron mis amigos; mis más caros compañeros; esos cuyos nombres; llevo tatuados en la  piel y solo yo los conozco; aquellos que me susurran y me susurraron historias fantásticas; que me enseñaron por primera vez, la gloriosa expectativa de pasar la noche en vela y poder acabar sus palabras; los que me dejaron convertir sus letras y su melodía en capítulos de mi vida; en la banda sonoro de los momentos más amados y también de los más dolorosos; ellos siempre están; son mis amigos más queridos; y  aunque parezca una relación unidireccional; a pesar de las distancias físicas, de los siglos de diferencia con algunos de ellos, de lo  insignificante que pueden ser estas palabras que suelto a la red; y lo gigante que son las suyas sonando ahora en la radio; no es unidireccional; porque ambos soltamos al vacío; al éter; eso que estando adentro nuestro, y no sabe más que salir ;para convertirse  en palabra;, en nota; en trazo de un pincel; en luces escondidas en lo recóndito de una fotografía, en síntesis en arte.
Es así como nos conocimos; como nos volvimos amigos; como nos acompañamos; yo escuchándolos, leyéndolos, viéndolos; ellos a la distancia sabiendo; que en ese mismo momento; en algún sitio del universo y tiempo, no ese encuentra solo; por alguien está enfrente a su creación; sintiéndose acompañado.
Es así, esta rara amistad; engendrada en lo más oscuro de mi adolescencia; cuando los cuervos y los pensamientos funestos eran dichosos; cuando el amor lejano y romántico pululaba de  mis manos en melodramática y melosa poesía; cuando engendre la idea que junto a ellos, esta mi soledad acompañada era menos doloroso; cuando arme mi coraza, y salí al mundo, vistiendo la armadura de hierro, estoica, autosuficiente y segura, que todavía llevo en el exterior; pero que la dejo al volver al  refugio que comparto con ellos; cuando mis letras se desparramas en sin sentidos; y sus voces me hablan al oído; cuando el “que darían” no es importante, porque la gloria se encuentra en el  blanco inmaculado de una entrada nueva en el blog; cuando fantaseo, que tal vez, solo tal vez, del otro lado; hay una sola persona, que lee esto; mientras yo lo escribo, y  se siente menos solo; leyéndome y sintiendo que puede tenerme de amigo; así como a aquellos que ordenados en su repisa o su playlist; supieron acompañar su soledad.


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