Tu fuiste lo único real en mi vida
la pasión de la carne
el amor que nunca fue poesía.
Tu fuiste el reflejo que siempre quise
esos ojos fulgurante
que miran un tesoro cuando te miran
Tu fuiste mi descanso
el hombro donde cobije mis miedos
la mano que sostenía la mía.
Tu fuiste el dolor verdadero
la decepción de mis letras
la certeza que jamas dese
tener sobre tu naturaleza.
Y aquí me tienes
dejando fluir mi agonía contenida
como la lluvia que limpia la impureza
como la confesión en la sacristía
tratando de perdonarme el haber pecado
contra mi; tan propio, tanta ironia.
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