No saben cuanto extraño mi cámara de Fotos, cuando llegan
las cuatro de la tarde y el sol empieza su camino inminente para dejar paso a
la noche. La delicada forma en la que posa sus cansinos y tenues rayos sobre la
blanca arena, vibrante tierna y pura como una niña cándida, como juguetea entre
la espuma y el océano, realzando todo aquello que la óptica le deja.
Y el viento se le une acariciando las hojas esperanzadas de las palmeras y algunos arboles que imitando a Penélope esperan la llegada del verano, yo lo siento en la piel refrescando el día que se va, trayendo consigo la certitud del abrigo de un cálido abrazo, que extraño y la lente fiel de mi cámara para retratar las coloridas velas en el viaje impredecible que el mismo le dicta.
Que hermoso es contemplar y sentir este paisaje y extrañar mi cámara con la que caminaría en este momento tratando de robar a la naturaleza un instante eterno en un mediocre retrato de tanta grandeza.
Y el viento se le une acariciando las hojas esperanzadas de las palmeras y algunos arboles que imitando a Penélope esperan la llegada del verano, yo lo siento en la piel refrescando el día que se va, trayendo consigo la certitud del abrigo de un cálido abrazo, que extraño y la lente fiel de mi cámara para retratar las coloridas velas en el viaje impredecible que el mismo le dicta.
Que hermoso es contemplar y sentir este paisaje y extrañar mi cámara con la que caminaría en este momento tratando de robar a la naturaleza un instante eterno en un mediocre retrato de tanta grandeza.
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