miércoles, 18 de abril de 2012

something to tell my children and grandchildren

Las ganas de ver a un cuarto de mi banda favorita de todos los tiempos, a la persona que inspiro mis letras mas de una vez, la que me presto sus canciones para pintar alegrías, llorar mis penas y matizar momentos de mi vida, es indescriptible.
Yo se que a muchos le puede sonar sobre valorado lo que digo, pero es para mi anoche al escuchar Black Bird fue como si Borges en persona me leyera el Aleph, como si Neruda caminara conmigo por isla negra mostrándome las aristas de la casa,como si Frida me enseñara a cocinar en la casa azul o como la vez que con verlo de lejos y saberlo en la misma habitación pude compartir una velada con Elvio Romero; todas estas personas alguna vez en la soledad del acto creativo sintieron lo que yo siento cuando la letras corren y el sentimiento se vuelve palabra, y yo no me puedo comparar con ninguno por que mi corto talento no podría ni pisar el suelo por donde ellos caminan, pero se volvieron mis confidentes, mis amigos en los momentos en los que el simple echo de ser diferente me alejo del mundo, y me enseñaron a ser yo misma, a no ter miedo de las palabras, del dolor y del amor.
Anoche sentí que podía ver a George y John en los acordes de sus canciones, interpretadas por alguien que los conoció muy bien, y las lagrimas se detuvieron en el eterno momento que vivirá en mi corazón toda mi vida, yo estuve ahi, y lo vi, y por un eterno momento conocí la FELICIDAD escrita con mayúsculas.Gracias Sir Paul McCartney por seguir vivo para que esta pobre mortal pudiera conseguir cumplir el sueño de su vida al compás del ukelele y la presencia segura de aquellos que volaron mas haya de los limites de la noche.

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