Tu sonrisa me confirmo
lo que tus ojos ya me habían dicho en silencio.
Creí notar un dejo de vergüenza
cuando te devolví la mirada.
Sabes que no hay nada que esconder
te dije, cuando tus ojos volvieron
a buscar a los míos.
Podría perdonarte lo que sea si me miras así
profundo y sereno como un lago en calma.
Tus palabras se desprendieron al fin
de tus labios como en un susurro inaudible.
Perdóname, anoche no aguante el impuso
de ver como dormías.
Pero como esas cosas no se perdonan
ni se objetan, simplemente te sonreí
y volví a escribirte una poesía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario